"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


domingo, 28 de agosto de 2016

OLÍMPICAMENTE


Acabando el mes de agosto, con más calor que nunca, vuelvo a compartir en mi espacio preferido, el que mantengo desde hace ya algunos años, y que últimamente tenía un poco abandonado por cuestiones de prioridad. Pero bueno, ya estamos aquí, nuevamente con una publicación que acaba de salir impresa en la revista Vía Marciala, y que reflexiona un poco sobre los conceptos o lo que debieran significar determinados valores clásicos o intemporales de estos conceptos, al momento actual y siempre. 




Olímpicamente

Pues sí, así es, en un año olímpico además. No encontraba ningún título mejor que éste para  estas cosas que escribo y que Ustedes leerán ya en septiembre. Y lo hago casi al límite del plazo para el cierre de la revista especial de Feria de Consolación 2016, cuando empiezo a ver aros olímpicos y medallas de todos los colores por todas partes. Por un extraño efecto sicodélico de la calor será,  ahora no sé si son aros o medallas o farolillos o mostachones (léase  en clave de carteles de feria y exhornos de casetas por influencia y cercanía de los Juegos Olímpicos, digo yo).

Hecha la introducción a modo de explicación titular, lo cierto es que yo en verdad de lo que quería hablar era de política, y contribuir así aportando mi crítica constructiva sobre la lamentable situación de nuestro país, con un gobierno en funciones al cuadrado, es decir, doblemente en funciones, y que esperemos que no sea en funciones al cubo o de forma triple como haya una tercera cita con las urnas el día de Navidad ¿Se lo imaginan? ¡Lo que nos faltaba! Ir a votar impregnados del espíritu navideño cantando villancicos. A lo mejor, el resultado le gusta más a “nuestra querida” clase política y tenemos por fin gobierno, esa que está viviendo por encima de sus posibilidades y que no está a la altura que se requiere, esa que, dicho sea sin acritud, se podría calificar de irresponsable, irrespetuosa, egocéntrica, electoralista, partidista, lejana, desconsiderada…  Pero paso olímpicamente de seguir hablando sobre la cosa política, de forma olímpica según el Diccionario de la Real Academia, absolutamente según el Espasa Calpe.

Y es que con este verano tan caluroso que estamos teniendo, pasando y soportando, con esa sensación de permanente y bochornoso período electoral marcado por la provisionalidad o interinidad indefinida (valga la incongruencia, así llevamos mucho tiempo ya), junto con la misma sensación que tenemos sobre la difícil situación económica (entiéndase crisis), directa e íntimamente relacionadas entre ambas, ¿qué sería de nosotros los simples mortales sin el entretenimiento analgésico y sin las alegrías deportivas de los Juegos Olímpicos de Río 2016? Ahí lo dejo.

Porque es de mérito y digno de mención lo conseguido por nuestros deportistas, en especial por nuestras deportistas, obteniendo cuatro de nuestras siete medallas de oro (Mireia Belmonte, Maialen Chourraut, Carolina Marín y Ruth Beitia), las medallas de  plata de Eva Calvo, del equipo femenino de Baloncesto, de las chicas del equipo de Gimnasia Rítmica, más los bronces repitiendo pódium de Mireia y Lidia Valentín, pues a la haltera leonesa le entregarán pronto su merecida medalla de Londres por la sanción por dopaje de las rusas.  Todo ello unido a los oros de Rafa Nadal y Marc López, Marcus Walz, Saúl Craviotto y Cristian Toro, la plata de Orlando Ortega, y los bronces de Joel González, Saúl Craviotto nuevamente, del equipo masculino de Baloncesto y del mountain biker Carlos Coloma, colocan a la Delegación Española en puesto 14º del Medallero con 17 medallas olímpicas. 

Ver y sentir cómo compiten nuestros Atletas en sentido amplio es un orgullo, y ver cómo algunos obtienen el premio a su trabajo  y esfuerzo  con algún metal, mucho más, pero ver en lo más alto del pódium a algunos,  a algunas, pues  la mayoría en esta cita olímpica han sido mujeres, ondeando la bandera y con el himno español de fondo, permítanme reconocer en confianza que es de las pocas cosas que a mí emocionan al borde de la lágrima, algo que aún hoy camino del medio siglo de vida no puedo evitar. Porque el espíritu olímpico es eso, el reconocimiento y el respeto al que vence, y también al que participa, que volverá a intentarlo cuando pasen otros cuatro años en un nuevo ciclo, y si lo merece, podrá alcanzar la gloria, compitiendo no contra iguales sino con iguales. 

Como ejemplo y exponente de todo lo anterior, he pensado en nuestra saltadora de altura, la cántabra Ruth Beitia, con un palmarés de 14 medallas internacionales, la última la de oro que la convierte en Campeona Olímpica en Rio de Janeiro 2016, tras haberse retirado en 2012 para ser madre, en pleno equilibrio físico, técnico y mental  a sus 37 años,  siendo felicitada por todas y cada una de sus compañeras con las que competía, con una sonrisa, acordándose luego de todas las personas que la han ayudado, no olvidándose de los malos momentos, pero disfrutando del presente, feliz y agradecida. Cuánto tiene que enseñar Ruth y cuánto tiene que aprender la política del espíritu olímpico, olímpicamente.    












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