"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


sábado, 8 de junio de 2013

RENÉ LAVAND, ARTESANO DE ILUSIONES Y CONTRABANDISTA DE FRASES


Entrada muy singular la que hoy se sube. Racional y a la vez emotiva, lo que no deja de ser una curiosa paradoja. Biográfica, también autobiográfica de los protagonistas y sus familias, regalo y autorregalo en sí mismo, por el disfrute en tiempo presente y seguro que en el futuro con perspectiva de pasado. Se trata de una conjunta colaboración para la Revista Vía Marciala de Utrera publicada en el mes de Junio, adornada aquí con un poco más de documentos gráficos en forma de fotografías.


La magia de René Lavand
pasó por Utrera

Diego Gomez Ojeda



Héctor René Lavandera, nació en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1928. De origen asturiano, y afincado desde su infancia en la ciudad de Tandil, René Lavand es un ilusionista argentino de fama mundial especializado en cartomagia. Considerado una leyenda, venerado por David Cooperfield, elevado a la categoría de maestro por Juan Tamariz, él mismo se define como artesano de ilusiones y contrabandista de frases.



Le conocí hace un año y medio, cuando vino a actuar a Sevilla. Un grupo de amigos cenamos una noche en Los Molares con él y su discípulo en Sevilla, Mario el Mago. De una personalidad cautivadora, con cierto aire de misterio, de fácil oratoria dosificada con precisión, le conocía por alguna actuación suya en televisión, pero no tenía muchas más referencias. No obstante, la admiración que le profesa mi amigo Paco Domínguez era aval más que suficiente para que sembrara mi interés y creciera la común admiración que hoy compartimos, y como muestra esta conjunta y complementaria colaboración.






De aquella noche recuerdo, y René también se acuerda, que estando él un poco “sordete” y yo que hablo más bien “flojito” no me hacía entender cuando hablaba, a lo que no ayudaba mucho mi indudable acento andaluz, difícil para un argentino, según él. Yo le expliqué que nosotros los andaluces no nos comemos las palabras, sino que las saboreamos, lo que le hizo mucha gracia. Cuando nos vimos el pasado mes de Mayo en Utrera, lo primero que me dijo fue “no saborices que estoy sordo”, añadiendo luego “si me prometés no hablar en andaluz te prometo no hablar en argentino”, y empezamos a reírnos de buen gusto, pues la promesa era más que nada imposible, por ambas partes.


 




René Lavand ha forjado su leyenda como ilusionista de forma autodidacta. Todos los libros y técnicas conocidas en el mundo de la magia son para magos con dos manos. El sólo tiene una, la izquierda, pues perdió la mano derecha en un accidente cuando sólo tenía nueve años. Practicando de forma casi obsesiva desde su infancia, es tal el dominio de la baraja con su única mano, que la maestría que demuestra es poco menos que su carta de presentación y lo que lo hace único en el mundo, irrepetible, consiguiendo con ello no sólo haber superado de forma admirable la adversidad, sino que además lo hace contando historias, nombrando citas, compartiendo divertidas anécdotas, con las que adorna, complementa y enriquece sus actuaciones. Sus ilusiones, no serían las mismas sin el acompañamiento de la música, sus palabras, sus pausas y sus silencios, puro arte, pura mentira, pues como él dice “el arte es una mentira y mentir es un arte”.

La belleza de lo simple, mirar con los ojos del alma, la cámara implacable que no lo deja mentir y no se puede hacer más lento, son cuatro claves de la conocida como “lentidigitación”, palabra que acuñó el propio Lavand y que en contraposición a la prestidigitación, define la ilusión ejecutada lentamente a fin de llevar la imposibilidad a su máxima expresión. Su legendario número de “las tres migas” es un claro ejemplo.


 




 
A sus 84 años, e inseparable de su esposa Nora, a René no le pasan los años, le pesan. Profeta en su tierra, con una estatua en vida en su ciudad Tandil, película recién estrenada en España, de éxito de crítica y público en Argentina de título “El Gran Simulador”, este barajador de ilusiones considera que “el público perdona el error, lo que no perdona es el aburrimiento”. Para él, “la única misión del artista es convencer al mundo de la verdad de su propia mentira. No hay artista sin estilo y yo creo que logré añadir belleza al asombro al arrimarle al ilusionismo una dosis de poesía y dramatismo”.


 








“No se puede hacer más lento,
no se puede hacer mejor”.






 
El Gran Simulador,
la historia de un silencio

Francisco Domínguez López

Las pasiones compartidas están por encima de las palabras; y los silencios prolongados no molestan, cuando la amistad es profunda.


Cuenta la leyenda que los habitantes de Tandil (Argentina) acudían al Banco Nación para ver si era cierto que un hombre, detrás del mostrador y parecido a Mandraque, escribía a máquina con una sola mano, y lo hacía más rápido que los demás, y con una infrecuente elegancia. Los que pudieron verlo, daban fe de que era un hombre que podía hacer cosas maravillosas. Ese mismo hombre, ya conocido como René Lavand, prestidigitador, ofreció sus primeras creaciones a su querido pueblo, antes de que el mundo consagrara sus destrezas, cercanas al gran arte, y considerara a René como uno de los pocos grandes magos del mundo, y con una sola mano: la zurda.


 





 
Realizada por mi amigo Diego la glosa biográfica sobre nuestro protagonista, de una forma más subjetiva improvisaré sobre la persona, por encima del artista, desde una óptica, sin duda, emocional. Me tranquiliza que “mis improvisaciones” son la resultante de mi más profunda deliberación. Así, diré que tengo el lujo de compartir con René una afición y la suerte de contar con su presencia en Utrera, de visitarnos cada vez que se acerca a Sevilla a pasear por el Barrio de Santa Cruz y ofrecernos sus eternos, medidos y escalofriantes silencios sobre el escenario, demostrando un fascinante control de las pausas.

Quizás, la belleza del asombro tenga la motivación en la destreza con la baraja, sin embargo, mi sentido más agudizado en sus espectáculos siempre es el oído, intentando oír el silencio y la pausa entre cada una de las anécdotas e historias con las que va hilvanando una clara conexión entre el público y el artista. Todo un mundo de milagros en el breve espacio de una mano. También diré que de René no debe asustar su inmodestia. Si le preguntas él te responderá que es el mejor mago del mundo y pide disculpas; si no le preguntas, simplemente podrás comprobar que lo es. En tono jocoso y burlón, cuando pide disculpas por su inmodestia, dice: “discúlpenme, pero si no fuera inmodesto, sería perfecto”.

Sería de redacción fácil decir que es buena persona, humilde y amigo de sus amigos. No caeré en esa trampa, aunque realmente lo piense. Quizás algunas anécdotas os lleven a sacar conclusiones propias. Por ejemplo, a René hay dos cosas que le molestan: que la gente le pida autógrafos por la calle y que no se los pidan. En una ocasión le preguntaron si recordaba cuando fue la primera vez que hizo el amor, y su respuesta fue: “Señorita, si no recuerdo cuándo fue la última”. Citando a Picasso, espera que cuando le venga la inspiración, le llegue trabajando. Porque René no trabaja, se prepara permanentemente, eso sí, para entretener, divertir, emocionar a aquellos que trabajan.

A sus ochenta y cuatro años y durante sus últimas visitas ha tenido siempre la elegancia de despedirse sin decir adiós, vinculando esa despedida a un deseo de volver pronto. Lo más hermoso de los viajes es el regreso, aquí no vas, vuelves, esta es tu casa. Como el slogan más famoso que utilizas, “no se puede hacer más lento” te deseo sigas viviendo lento, no envejezcas, queremos que sigas creciendo. Esa necesidad de verte crecer es tan grande, que alguna vez hacemos como los niños cuando juegan a los piratas: Primero esconden el tesoro y después… ¡Lo encuentran! ¡Qué maravilla!








 
Amigo René, como tú, “yo prefiero el día de hoy, el día de ayer fue hermoso, pero no puedo pasarme la vida mirando hacia atrás porque corro el riesgo de perderme a todos los que marchan a mi lado. Puede que el día de mañana sea aún más bello, pero no puedo pasarme la vida mirando al horizonte, porque corro el riesgo de perderme el paisaje que se abre en mi camino a cada paso…Por eso prefiero el día de hoy, pisarlo con ganas, gozar de su sol, estremecerme con su frío, sentir como todo me grita a cada instante. Ayer fui, mañana seré, hoy soy”.

Por eso es que hoy te digo que te quiero, te pido perdón, me despido de ti sin dejarme nada para mañana, ni siquiera una sola palabra, porque hoy respiro, veo, escucho, siento, lloro, río, sufro, gozo, porque hoy estoy vivo ¡y tú también!








Un zurdo abrazo, amigo.



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