Cada cual vive la noche más corta del año como quiere, o como puede. Encender una hoguera con aspiración o deseos de purificación, simbolizar el cambio de estación, dar comienzo al solsticio de verano, la noche de San Juan es vivida de distintas formas según las tradiciones, los lugares y las personas.
Aquí la mía propia, siempre personal y siempre transferible por compartida. La noche en cuestión, de cansancio acumulado y de sueño irreconciliable por desvelo, no se me ocurre otra cosa que calzarme mis zapatillas a las claritas del día, echar mano del teléfono/cámara y a la campiña utrerana que me voy.
El resultado fotográfico es de contrastes, primero con luna llena, luego con sol, por algunos momentos juntos ambos los dos, girasoles y trigales de por medio, sombras y luces de diversas formas y tonalidades: la belleza de lo simple, que diría mi admirado René.
Para finalizar, o más bien para dar comienzo al nuevo día, esta composición con música de Enya, para que llegue el mañana...
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