"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


domingo, 17 de abril de 2011

¿BORRÓN Y CUENTA NUEVA?


Domingo de Ramos. Semana Santa, momentos de reflexión, de penitencia quien la necesitare, o de reflexión, y muchas más cosas según cada cual. Y yo, un día como este me parece el oportuno para traer a mi personal espacio en internet mi colaboración con la revista Vía Marciala, coincidiendo con el número especial de la Semana Grande.

¿Borrón y cuenta nueva?


Dime quién soy es el título de la última y más ambiciosa novela de la periodista y escritora Julia Navarro (Madrid, 1953), publicada el pasado 2010. Conocida como novelista a partir de su primera incursión en la ficción, La Hermandad de la Sábana Santa (2004), supuso un exitoso debut literario al que siguió La Biblia de Barro (2005) y la novela que completa la interesante trilogía, La Sangre de los Inocentes (2007).

De su lectura progresiva y cronológica apuntada, se aprecia una cada vez mayor habilidad narrativa, tensión argumental, madurez creativa y profesionalidad documental, y todas, y de menor a mayor intensidad, caracterizada por atraparte de forma pausada en su lectura, sobria a la vez que elegante, pero sin muchos artificios efectistas.

Su cuarta novela, la citada Dime quién soy, es la más completa y también compleja. Tiene casi 1.100 páginas, a priori un exceso y motivo de cierto prejuicio de “ya la leeré cuando tenga tiempo…”, pero a su vez tiene el efecto misterioso de tentación lectora, y si se comienza te atrapa hasta la última de sus páginas. Motivos son muchos. Las ventas confirman todo ello, y además ha sido calificada por la crítica literaria de forma unánimemente positiva.

El libro es un relato que pasa por la Historia del Siglo XX contada por una mujer, española, nacida en 1917, de origen vasco y de nombre Amelia Garayoa, testigo directo (y mucho más) de los acontecimientos, personajes y también tragedias que van desde la caída de la II República Española, La Guerra Civil y su postguerra, La II Guerra Mundial, La Guerra Fría y que termina con la caída del Muro de Berlín.

Como decía, tiene no pocos atractivos la última creación de Julia Navarro. Apunto algunos, como la introducción por su autora en boca de sus personajes en reflexiones y discusiones sobre la política, el poder, el nacionalismo, la economía, el tabaco, los toros, e incluso el papel de la mujer y el periodismo en el momento actual y también de antes.

Apunto dos citas interesantes, no unidas y que pertenecen a dos momentos distantes de la historia, la primera de la propia Amelia y la otra de Max, médico militar alemán y uno de los hombres en la vida de la protagonista:

- Y una vez hecha la catarsis, borrón y cuenta nueva. ¿Me estás diciendo eso?

- ¡Sí, claro que tuviste elección! Llevas años justificando lo que haces con esa frase: no tuve elección. Pero siempre hay elección, Amelia, siempre.


Nosotros, a quienes nos ha tocado vivir a caballo entre dos siglos, y que podemos mirar hacia atrás con la distancia aún cercana de acontecimientos recientes, también tenemos la tentación del olvido fácil de lo que creemos más lejano, y no lo está tanto. Por eso a la pregunta ¿Borrón y cuenta nueva? la respuesta debe ser siempre negativa, un NO rotundo. Se intentará la justificación motivada tras el disfrute literario de la novela de referencia.

El origen de la expresión ¡Borrón y Cuenta Nueva! proviene de las antiguas contadurías, cuando se escribía con pluma y tinta. No existía modo alguno de corregir una cuenta, pues la tinta era indeleble y no podía borrarse, así que era necesario hacer un “borrón”, una mancha, para indicar que esa cuenta ya no era válida.

Está claro que un borrón es una mancha que desluce o afea; de ello no hay dudas. Por eso mismo, como no nos gusta recordar lo negativo y lo que nos desagrada, muchas veces lo mejor pudiera ser echarlo en el olvido, sin más, como si nunca hubiera sucedido. A respecto Pérez Reverte decía en su libro La Piel del Tambor que “en Iglesia Católica problema aplazado es problema resuelto”. No es cuestión de polemizar, sino todo lo contrario (aunque para el académico, periodista y escritor citado la polémica sea una de sus constantes en los últimos tiempos, aunque no es para menos, por otra parte). A más de una institución también se le podría aplicar tal estrategia, y si además de aplazado el problema se olvida para siempre, mejor que mejor…

No obstante todo ello, el ser humano está necesitado de otra interpretación del borrón más positiva y benévola, común en todas las religiones (no sin penitencia en la mayoría) que es la redentora, la del perdón que libera del pecado, del error cometido, que aunque desluzca o afee, “y hasta puede ser indigno por sus efectos perniciosos en la buena reputación y fama”, de forma curiosa y a pesar de sus efectos, todo hijo de vecino (todo el mundo, vaya), tiene derecho a equivocarse y aprender de sus propios errores, ¿acaso la vida no es un constante aprendizaje?, ¿acaso el mejor escribano no echa un borrón alguna vez?

Esta es la única interpretación o acepción más cercana que se debiera aceptar (valga la redundancia aceptada), la que tiene un marcado carácter positivo y beneficioso en el plano personal e individual. La otra no, nunca. Un borrón y cuenta nueva en un plano general o colectivo, si se quiere, significa no ser conscientes de los errores cometidos, y que se olvidan, sí, pero a qué precio si se pueden vuelven a cometer. Hay errores, Errores de la Historia, que por opciones que pudieran llegar a ser, no pueden correr el riesgo y el peligro de que se vuelvan a repetir.

Todo el mundo tiene derecho a tomar sus decisiones, a elegir, a tener opciones, a cambiar, innovar también, a seguir estilos y formas, y por supuesto a equivocarse; hasta derecho a ser perdonado, valorado e incluso juzgado. Sin embargo, parecería una torpeza imperdonable no mirar hacia atrás para saber hacia dónde se va o hacia dónde se puede ir. Es aquí donde lo individual se mezcla con lo colectivo. Y no tener estas perspectivas históricas (debería ser un deber o una obligación), significa perder el norte, la objetividad, el sentido común, o como queramos llamar a estos indicadores de racionalidad en una parte minúscula de la Historia que nos ha tocado en suerte vivir. ¡Perdón, siempre! ¡Borrón y cuenta nueva, nunca! (Gracias Amelia, gracias Julia).

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