jueves, 22 de mayo de 2014
miércoles, 14 de mayo de 2014
HISTORIAS CON BICICLETAS (II). TORNOS DE NO RETORNO O MAÑANA DE LUNES
Aunque cualquier
parecido con la realidad es mera coincidencia, éste no es el caso de
nuestra historia de hoy, porque los hechos acaecidos tienen lugar, hora y hasta
protagonistas con nombre y apellidos. Él, un joven arquitecto; ella, una
bicicleta de paseo de corte moderno, muy acorde con el propio look urbano de nuestro protagonista y fiel
compañera de viaje, pues juntos van a diario a Sevilla en tren de cercanías. Decía Christopher Morley que "Seguramente la bicicleta será siempre el vehículo de los
novelistas y los poetas". Puede que así sea, y es que mi amigo un buen día me confesó que pertenece a la “Poesía Secreta”, un desconocido y
selecto club cuyos socios se dedican a escribir poesía para sí mismos por puro
deleite y que nunca publican el resultado de su creatividad.
Pues bien, fue lunes cuando pasó lo que le pasó. Una mañana
que se le hizo larga, muy larga. La tarde anterior, tras recuperar su cansancio
con una ligera siesta, y después de dedicar también toda noche del domingo al
estudio de sus exámenes finales, se da una ducha y se pone lo primero que
encuentra, que es ropa deportiva blanca, y hasta ropa interior del mismo color
se pone, de pura coincidencia. Mirándose piensa “pues no que parezco que voy a una fiesta ibicenca” y sonríe. Pero
la mañana llega y el despertador le hace una trastada, o realmente estaba muy
cansado. El caso es que se pone un pantalón azul
oscuro casi negro, bastante desgastado pero una de sus prendas favoritas,
una camiseta y tardando lo mínimo sale que se las pela en su bici camino de la
estación.
Después de sacar rápidamente su billete en la máquina
expendedora y tras pasar por los recién instalados tornos de acceso y salida,
observa que su tren está en el último andén, y para allá que sale corriendo. Baja
al túnel y una vez vuelve a salir a la superficie, se da cuenta de que el tren
se va, que se está yendo, que lo ha perdido, vaya. ¡Comienza bien la semana! Resignado,
se sienta en un banco y se dispone a comenzar la lectura de una nueva novela, pero
en ese momento se le cae su marcapáginas al suelo. Sin levantarse del banco,
junto a su compañera de viaje, estira el brazo izquierdo para recoger del suelo
su marcapágina, y en ese estiramiento corporal lateral oye el inconfundible
sonido-ruido de la rotura de una tela, la de su querido pantalón: Desgarro entre perneras, zona inguinal, trayectoria
única entre diez y doce centímetros de profundidad. Y lo peor de todo es
que se ve desde lejos el blanco
reluciente de su ropa interior por la rotura del malogrado pantalón. ¡Vaya tela! ¿Y ahora qué?
Mientras valora la dimensión y efectos del daño, se le han
quitado ya las ganas de leer. Además, tampoco puede volver de nuevo a su casa:
los tornos son un obstáculo para volver a salir (“tornos de no retorno”, en
clave poética). Así que no le queda más remedio que tomar el próximo tren
pensando en cómo solucionar su inminente problema o contratiempo: comprar un pantalón nuevo, adquirir sólo un
slip color negro y disimular, o no hacer nada y no moverse en toda la mañana
una vez se siente en la Escuela. Ya en la capital, valiente él, se dirige a
su destino subido en su exclusiva bici, con lo que la dimensión del rajón de su maltrecho pantalón puede ir
y de hecho va en aumento. Sabiendo que piensa mejor con el estómago lleno, en
su cafetería de referencia pide el desayuno especial de la casa, de esos que te ponen tostada completa con todos
sus avíos, café y zumo. Así de camino hará tiempo para que abra el comercio de
chinos que hay en la zona, pues como es sabido (o eso creía él) en los chinos
hay de todo.
A las nueve, con puntualidad británica, abre el establecimiento de origen asiático de
la misma China. Espera un poco a que un joven dependiente, que ha podido
comprobar apenas entiende ni habla el castellano, encienda las luces y se
coloque detrás del mostrador. Entra, divisa el variadísimo género de forma
rápida pero analítica y ve que pantalones de vestir no tiene, si acaso unos
coloridos y floridos pantalones como de chándal. ¿Y calzoncillos o slip negros?
Sólo para niños, y bien pequeños. Intentar ponerse semejante miniatura le
habría dejado sin circulación sanguínea de cintura para abajo, con riesgo grave
para su salud y peligro cierto de su futura procreación. ¡Dios mío! ¿Y si compro hilo,
aguja y hago un apaño? El set de hilo y agujas que vendían allí no era para
un apaño concreto, sino para el de un ejército completo. No venden una aguja y una bobina, no, venden un set con cantidades industriales de
distintos tamaños y colores de unas y otras.
Cada vez más nervioso nuestro apurado amigo, no sabía que
estaba a punto de rematar la faena cuando hace su entrada en el local el
supuestamente padre del joven dependiente. Al preguntarle por un pantalón como
el que lleva puesto hace gestos negativos con la cabeza. Señalando una aguja e hilo, igualmente ofrece negativas.
Y entonces, al bueno de mi amigo no se le ocurre otra cosa que mostrarle de
forma explícita al chino su pantalón roto y señalarle el color blanco de su
ropa interior que resplandece sobre fondo oscuro de pantalón. ¡NO, NO, NO! Decía gritando el chino
haciendo aspavientos con los brazos acompañados de enérgicos movimientos
negativos de su cabeza ¿Qué pensaría el
hombre? Mi amigo, colorado como un tomate, y bastante abatido, sale a la
calle, coloca la bicicleta en el bicicletero, la asegura por si acaso con doble
cadena (sólo faltaba que hoy se la robaran), y resignado entra en la primera
clase del día, andando disimuladamente y
sentándose con las piernas muy juntas ¡Vaya
día!
Pero como mi amigo es un hombre de recursos, ya más
tranquilo y con cierta perspectiva, determina que si hay que coser, se cose. Al pasar delante de la copistería y
papelería de la Escuela (Técnica Superior de Arquitectura) camino de su clase, la
escena del momento le dio la solución: una chica poniendo grapas a varios cuadernos
de apuntes. Pues eso mismo: hace unas fotocopias que necesita, pide la
grapadora, y ¡ahora te la devuelvo en un
momento! Se va al servicio, se quita el pantalón y con mucho cuidado pespuntea
grapa a grapa la rotura del pantalón hasta hacerla desaparecer. “Bien, no se mueve nada, no se ve lo blanco”.
Y así esboza su primera media sonrisa, más o menos satisfecho de la solución encontrada, que aunque provisional y
con fecha de caducidad inminente, le servirá para acabar su agitada mañana sin
más incidencias. ¡Menos mal!
No le contó nada a nadie y aguantó estoicamente hasta el
mediodía. Nada más llegar a su casa, tiró la prueba de sus peripecias por estar
más que amortizada la prenda, y cuando me lo contó todo con todo lujo de
detalles unos días más tarde, ni él ni yo dejamos de reírnos a carcajadas y a
lágrima viva un buen rato con sus tribulaciones, sobre todo imaginándome yo la
cara del chino ¡NO NO NO! ¿Qué pensaría que le estaban pidiendo? ¡Están locos estos españoles! En fin,
cosas que pasan. Termino esta historia
con bicicleta con una frase de Conan Doyle, que aunque muy buena, no
siempre y en todo momento es aplicable, como por ejemplo a mi amigo en aquella
mañana del mes mayo: "Cuando
el día se vuelva oscuro, cuando el trabajo parezca monótono, cuando resulte
difícil conservar la esperanza, simplemente sube a una bicicleta y date un
paseo por la carretera, sin pensar en nada más".
● Entradas relacionadas:
HISTORIAS CON BICICLETAS (I). EL TAPER DE ESPINACAS CON GARBANZOS Y LA CHUPITA DE COLOR AZULINO
lunes, 28 de abril de 2014
jueves, 17 de abril de 2014
NUESTRO JUEVES SANTO EN UNA IMAGEN
Así es, así pienso que es. Esta fotografía
es del reconocido fotógrafo utrerano Pepe
Florido, tomada casi al azar sin saber que los dos nazarenos éramos
nosotros dos, justo hace un año. Pepe hablaba en la esquina del callejón
Bohórquez con mi también amigo Manolo Morilla, cuando a nuestras espaldas oímos
varios clics, y el resultado es este que compartimos. Un gran regalo y un
inolvidable recuerdo personal. Con la postal de Pepe todavía más inolvidable.
viernes, 4 de abril de 2014
MICROLITERATURA (I) DESCRIPCIONES
Novela, novela corta, cuento, relato, microrrelato e
incluso nanorrelato. La crisis parece que también ha llegado a la literatura, o
más bien la literatura ha sido alcanzada por la crisis, o puede que se trate de
optimizar los recursos (entiéndase literarios), o puede que sea la influencia
de las redes sociales, de facebook, twitter
o tuenti, donde todo es más corto, más intenso y más efímero también.
Influenciado por esta corriente o tendencia, se acompañan
dos breves descripciones con sus dos fotografías, para hacer más gráfica aún
ambas descripciones, donde una imagen sigue valiendo más que mil palabras,
aunque aquí las palabras son unas cuantas menos.
El guardián de las alturas
¡Ahí lo tenemos! Desafiante, seguro de sí mismo, de que no
se caerá de su balcón por mucho que ladre, midiendo los milímetros que sus
pequeñas garras invaden del espacio que lo separa casi tres metros del suelo de
la calle por donde pasan niños camino del colegio, también madres y padres
acompañantes; lidera majestuoso el trío perruno en el que manda él, con la
mirada firme ante mí, uno des esos que se atreven a pasar delante suya, y que
encima es tan osado de ponérsele delante y mirarle a los ojos e incluso capaz
de hacerle una foto, la foto que lo
inmortalizará sin su canina autorización como reconocimiento de la autoridad
que ejerce sobre el espacio que domina. Parece
que hasta posa el muy perro.
Plantación de grúas
Singular imagen, conjunto de distintos tamaños, formas y
colores de esta maquinaria pesada, símbolo en otra época de la llamada burbuja
inmobiliaria. Aunque hasta hace poco tiempo era frecuente su avistamiento,
sobre todo aisladas o separadas y a no mucha distancia entre ellas, en
determinadas zonas industriales se pueden encontrar plantaciones gruísticas
similares o parecidas, apreciándose más y mejor a finales del mes enero, cuando
parecen brotar al frío del penúltimo repecho de su conocida cuesta. El número
de sus ejemplares suman hasta alcanzar la docena, como las unidades que podrían
componer un buen ramo de rosas o de margaritas, con una ligera diferencia: estas grúas son propias de un mercado de
alquiler; las rosas y las margaritas, normalmente, se regalan.
jueves, 20 de marzo de 2014
PRIMER DÍA DE LA PRIMAVERA, HAPPY!

Siempre que pongo una frase o cita, inmediatamente después hago referencia a quién es su autor o autora. Menos cuando no lo sé, o simplemente porque su autoría es anónima. En esta ocasión citaré dos, propias del momento vital personal (se intenta cada día), y del momento estacional que hoy comienza, que me gustan ambas, que he leído hace poco en las redes sociales, y que no van asociadas a nadie; por lo menos que yo sepa...
Nadie encuentra su camino
sin haberse perdido varias veces.
La felicidad no es sólo un estado de ánimo,
sino un estilo de vida.
domingo, 2 de febrero de 2014
LUIS ARAGONÉS, AUTOR DEL PUNTO DE INFLEXIÓN DE LA ROJA

La Roja, así es como el seleccionador Luis Aragonés quiso que se conociera a la selección española. Y lo consiguió. Como igualmente consiguió ganar el primer gran título del fútbol español que se recuerda (el precedente aislado fue allá por 1964, y eran otros tiempos), ganando la Eurocopa de 2008, celebrada en Austria y Suiza.
Ese fue
verdaderamente el momento en el que cambió la historia de nuestro fútbol,
cuando superamos por fin los cuartos de final, la semifinal (desde Francia en 1984 no se
recordaba nada parecido) y en el que vencimos en la gran final: Campeones.
A partir de
ese momento, España no sólo tiene un nombre, sino también un estilo, una forma,
una filosofía y un carácter, con distintas versiones, como el de Xavi, por
nombrar a un jugador, un Gran Jugador, y sin olvidar a Vicente del Bosque, buen profesional y mejor persona, que sigue haciendo historia.
9 MOMENTOS DEL ENTRENADOR QUE NUNCA OLVIDAREMOS (EL HUFFINGTON POST)
MÍSTER, NUNCA FUIMOS JAPONESES (XAVI HERNÁNDEZ)
PUNTO DE INFLEXIÓN. EXPRESIÓN Y SIGNIFICADO
miércoles, 1 de enero de 2014
lunes, 30 de diciembre de 2013
HISTORIAS CON BICICLETAS (I). EL TAPER DE ESPINACAS CON GARBANZOS Y LA CHUPITA DE COLOR AZULINO
Las bicicletas no
sólo son para el verano, y contradigo con ello el título de la obra de teatro de
Fernando Fernán Gómez y la película del mismo título de Jaime Chávarri. Como
una demostración científica vamos a certificar tal aseveración, pues en torno a
nuestro vehículo de dos ruedas de
propulsión humana, donde el pasajero es a la vez motor, ocurren historias
en todas las estaciones del año, aunque cierto es que en verano, y también en
primavera, con el buen clima siempre hay más tiempo y mejor disposición para
dar un paseo ciclista, o biciclista, como
decía un niño amigo mío, con la posibilidad incrementada en altos porcentajes
de probabilidad de que sucedan no una, sino múltiples historias.
Esta historia que les cuento a ustedes en esta ocasión pasó
no hace mucho a una buena amiga, lo
cual creo que es una redundancia, porque si es amiga se le supone buena, aunque
bueno, me estoy metiendo en un buen jardín.
Digamos que le pasó a una amiga, sin más. Como iba diciendo, los hechos
acaecieron en pleno otoño, en una mañana
de las que amanecen bien frías, aumentada la sensación térmica por la falta de costumbre y por un
viento muy desagradable. Son de esas mañanas en las que a medida que
transcurren las horas y el sol hace su aparición, hay un momento en el que
empiezan a sobrar algunas prendas de vestir, prendas de las es mejor no desprenderse, porque la
tarde, y sobre todo la noche, llegarán irremediablemente para echarlas en falta,
y además con el riesgo cierto e inminente de acabar pillando en caso ausencia
de tales (las prendas) el primer resfriado de la temporada.
Mi amiga, que como la inmensa mayoría de los mortales
estamos adaptándonos a los momentos que nos está tocando vivir, y donde ir de
tapas o restaurantes se mide de forma cada vez más ajustada (o falta dinero o
sobra mes), había previsto almorzar con un grupo de otras tantas féminas, para
lo cual en casa de una de ellas habían previsto llevar cada una algo cocinado
previamente. La anfitriona gastrónoma vive
en un extremo de la ciudad de Sevilla, y mi amiga en el otro, digamos que a un buen paseo, que por carriles bici y
bici de alquiler, a no más de media hora. Así que hacia allá se va ella, con un
taperware en la cesta de la bicicleta
y conteniendo el mismo las mejores espinacas con garbanzos que hasta el momento
le habían salido, “buenísimas”, según
me dijo.
Marina, que así se llama mi amiga, pedaleando llevaba un
rato cuando el sol convierte el agradable paseo ciclista en un viaje un tanto
acalorado. Se detiene un momento, y se despoja de su chupita de cuero, que estaba provocando, de forma lógica, algo
parecido a un efecto invernadero en mi ciclista amiga. Adviértase que la chupita no era de cualquier color, sino
de color azulino, no azul, celeste o
turquesa, sino azulino, matiz o
apreciación de color casi imposible para la percepción masculina, pero que para
el género femenino es clarísimo distinguir y clasificar, como fácilmente
diferencia el color carne del beige, o el malva del morado, por poner algunos
ejemplos de tan significada habilidad cromática. Con todo ello, se quiere poner
de manifiesto, además, la exclusividad
de la prenda, toda una chaquetilla o torera de cuero de color azulino, y que posicionó
en la misma cesta justo encima de su exquisito y tradicional plato de cocina
andaluza, las espinacas con garbanzos.
Pues bien, llegada a su destino y aparcada la bicicleta en
el espacio habilitado reglamentariamente, y quizás aún un poco mareada y seguro
que cansada por el pedaleo bajo el sol, cuando alcanza la última planta del
edificio y delante de la puerta del piso de la anfitriona, echa en falta
aquello que traía y que se ha dejado olvidado en la mencionada cesta. Vuelve al
callejero parking de bicis, ahora corriendo a buen ritmo (sólo le faltó nadar
en el río Guadalquivir para completar todo un triatlón), y a unos metros de su
alquilado vehículo respira algo más tranquila al ver su exclusiva chupita, pero
ya más cerca, al tomarla de la cesta, se da cuenta que ya no hay nada más debajo:
¡habían desaparecido las espinacas con garbanzos!
La cara de mi amiga cuando me lo contó era una mezcla de
asombro o de perplejidad mezclada con la sensación de gratitud por no haber
sido desposeída de una de sus prendas favoritas. A la misma vez, recordaba
recreándose en su creación culinaria, y se alegraba al menos por el hecho de
que alguien que seguramente lo necesitaba mucho más se habría alimentado por lo
cocinado por ella con tanto esmero, esperando al menos, eso sí, que esa persona disfrutara,
sola o en compañía, de sus buenísimas espinacas con garbanzos, alguien que tuvo
el detalle o deferencia de dejarle a ella seguir disfrutando de su preciada y excluida chupita de cuero
azulino.
En fin, como dijo Albert Einstein una vez, o puede que más veces,
“La vida es como montar en bicicleta.
Para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando”.
¡Felices Fiestas de
Navidad y Buen Año 2014!
domingo, 22 de diciembre de 2013
BuenRollismo HECHO CON TUS SUEÑOS
¡Felices y Solidarias
Fiestas de Navidad!
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