"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


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domingo, 28 de febrero de 2021

ARTE, CULTURA Y COMPROMISO SOCIAL






Post de encargo, el que me hace la Revista Vía Marciala para el número especial del mes de febrero de 2021, con motivos de la fiesta de Carnavales. Ahí queda, sirviendo al mismo tiempo como homenaje al gran Salvador Távora.


ARTE, CULTURA Y COMPROMISO SOCIAL 


Con este título tan gran grandilocuente,  y de la forma más sencilla, quería hacer un pequeño homenaje a Salvador Távora pasados ya dos años desde su fallecimiento. Y lo hago casi en período de Cuaresma, que este año tiene lugar desde el 17 de febrero al 1 de abril, en vísperas de los Carnavales, una de las fiestas más alegres y divertidas. Aunque para gustos, los colores, y más que seguro habrá detractores de esta fiesta pagana, como los habrá también de otra celebración religiosa como es la propia Semana Santa. Pero lo importante es que se puedan disfrutar, vivir, y sentir, con respeto cuanto menos de unos y otros, porque también estoy seguro que habrá hasta capillitas carnavaleros y viceversa ¿y por qué no? Una curiosidad: los Carnavales y la Semana Santa son dos eventos, celebraciones o fiestas, que ambas se viven en la calle y que las dos son gratuitas (interrumpidas en estos momento por la pandemia del COVID-19, pero que volverán como las aguas vuelven a su cauce, téngalo por seguro). Ahí queda dicho, con el debido respeto (expresión cuasi jurídica que justifica cualquier verdad que se dice cuando el receptor puede que no comparta la opinión expresada, que no creo que sea el caso…).


En estos dos años que han pasado, he de reconocer que me estoy haciendo mayor, sin lugar a dudas, y gracias a Dios, que lo estoy contando. En este mes de febrero he superado con holgura el medio siglo, cinco décadas o diez lustros. Se nota que soy de letras, y por eso busco y hasta encuentro expresiones explicativas de mis incipientes y cada vez más numerosas canas, y entre otras estará, de forma objetiva, el hecho de que sigo cumpliendo años (afortunadamente como decía), habiendo superado de forma indubitable el paso del ecuador de esta que está siendo mi vida. Pero no me quiero poner existencialista, ni nada por el estilo, y acreditada mi particular crisis de los 50, ahora con números, comparto una singular historia vivida en el mes de junio de 2012, en la que yo, este que les cuenta, interpreta su papel, ni más ni  menos que con la complicidad del mismo Salvador Távora, que se interpretaba a sí mismo, junto a un pequeño elenco de actores, en sentido amplio, presentes y algún que otro ausente.





Por aquel tiempo desde la empresa en la que yo trabajaba, colaborábamos con la Universidad. El caso es que el alumno de un profesor amigo, necesitaba entrar en una nave industrial privada, situada en el Polígono HYTASA de Sevilla, en el Barrio de Cerro del Águila, donde, y cito textualmente: "Salvador y unos vecinos tenían en mente un proyecto de reciclar esta nave con usos culturales". A través de mi amigo, se pusieron en contacto con el joven estudiante que estaba desarrollando esta idea como proyecto de fin de carrera. "Se ve que el proyecto quedó parado porque el dueño de la nave, que en un principio estaba receptivo, se replegó al oír palabras como patrimonio. Suponemos que temió algún tipo de protección patrimonial que no le dejara sacar beneficio". Lo cierto y verdad es que se necesitaba desarrollar una estrategia para poder acceder al abandonado edificio, y realizar fotos y medidas que permitieran poder seguir adelante con el proyecto y el proceso de diseño. Y ahí estaba un servidor, para echar una mano, por supuesto. 






Mi modesto papel, actor de reparto aunque imprescindible, era mostrar interés por adquirir el citado inmueble, para lo cual no tuve que hacer ningún esfuerzo, ni hizo falta sobreactuación ni me puse nervioso, solo que algunas mariposas en el estómago sí tenía, y no era para menos, más que nada por la compañía. Era mi trabajo por aquel tiempo, entre otras funciones, la de visitar inmuebles a rehabilitar, además de proyectar y dirigir actuaciones singulares, y esta efectivamente era una actuación muy singular, como estarán comprobando. Así que efectivamente concerté la visita con el corredor de la propiedad que tenía las llaves (hoy más conocido como agente inmobiliario) para visitar la nave industrial donde se estudiaba la viabilidad de un auténtico Proyecto de Gestión Social del Hábitat, y como prueba la presencia de un joven arquitecto colaborador, una representante vecinal del Barrio y sobre todo la presencia de nuestro insigne dramaturgo, actor, director, emprendedor, promotor, renovador, artista don Salvador Távora Triano (Sevilla, 3 de abril de 1930 - Sevilla, 8 de febrero de 2019). 







No he vuelto a saber del proyecto, pero como tengo todos los contactos, a lo mejor hay una segunda parte de esta historia, con información actualizada e incluso algún enlace web. De momento se van tener que conformar con las pruebas gráficas del espacio y alguna instantánea de  la representación de aquella sesión vespertina, totalmente real, de la que me siento partícipe, y con el paso del tiempo, afortunado. Conocí anteriormente a mi admirado Salvador Távora en FIBES cuando asistí con unos amigos a su gran obra Carmen, de esto hace más de quince años, con la magistral interpretación de Lalo Tejada. Me sentí muy orgulloso de poder ayudar, y de  volver a hablar con él y conocerlo de forma más cercana ese día de San Antonio de Padua (pero que nació en Lisboa), el día 13 de Junio de 2012, en esta particular, singular, y para mí, inolvidable cita y encuentro en la Nave Central Térmica de HYTASA, Cerro del Águila, en Sevilla.






Esta foto queda para mi recuerdo,
y en memoria de Salvador Távor
a.


sábado, 14 de septiembre de 2019

DE CAMINOS Y PEREGRINOS


Ya estamos en septiembre, y después de una muy calurosa Feria de Utrera, el cambio radical de clima, las primeras lluvias (afortunadamente nada de gota fría), el inicio del cole y tantas cosas, se anuncia una nueva estación; de ciclo mejor no hablar, toda una rutina, a la que acompaño para cambiar el paso mi colaboración con la Revista Vía Marciala un poco más tarde de lo habitual. En fin, ahí queda como personal cuaderno de vitácoras  y espero que les guste.


De caminos y peregrinos

Siguiendo nuestra tradición del especial de Vía Marciala de Septiembre,  escribiendo en agosto lo que se leerá ya en septiembre, este año vengo a compartir con ustedes algunas ideas, experiencias y deseos con motivo del Camino de Santiago en particular, y de los Caminos en general. Verán: la cosa es que vamos haciendo camino un grupo cada vez más numeroso de peregrinos en nuestro pueblo/ciudad. En el mes de junio presentamos la Asociación Amigos del Camino de Santiago de Utrera, en presencia de nuestro alcalde (en aquel tiempo en funciones) y de un público asistente muy diverso, reuniéndose en la Casa de la Cultura deportistas de varios clubes y asociaciones, peregrinos veteranos, noveles y potenciales, amigos todos, incluidos los representantes de las Asociaciones de Amigos del Camino de  Santiago de Sevilla, Puerto de Santa María y Cádiz. 

Fue una tarde muy agradable, donde hablamos del origen de nuestra Asociación, presentamos un completo audiovisual por parte de nuestro tesorero Paco Domínguez López, una exposición muy personal a cargo de nuestro secretario Agustín Moreno Pérez, y donde finalmente terminamos con un turno de intervenciones de los asistentes, muy ameno.





Ya en julio en torno al día 25 y día del Patrón, por tercer año consecutivo, nos sumamos a los Actos de Santiago y Santa Ana que organiza la Parroquia de Santiago el Mayor, con su párroco Juan Luis Rubio Lora al frente de un equipo humano que cada año se supera en calidad organizativa, pues el completo programa de actos adquiere cada año mayor realce y afluencia de público. En esos actos tuve la suerte de participar en la Mesa Redonda que moderó magistralmente Paco Caro, y donde participaron además insignes peregrinos como Cayetano Martínez, que venía de la Asociación Vía de la Plata de Sevilla, y los paisanos y amigos Manolo Orellana Delgado y Roberto Jiménez Corpas. En dicho coloquio pudimos compartir vivencias, experiencias y motivaciones para hacer el Camino de Santiago en todas sus dimensiones, como bien decía el título del coloquio. 





Pues bien, por mi parte, en dicha mesa,  pude contar en un ambiente muy adecuado y distendido para la ocasión, algunas vivencias muy personales, y que han hecho que al momento presente esté muy involucrado en la difusión y promoción de esta actividad tan peregrina, después de un tiempo de preparación e investigación antes de hacer nuestro primer camino en 2013, afrontar un camino en común, cuatro familias, en 2017, y que fue el origen de la Asociación, y en vísperas ya de iniciar nuestro tercer Camino, en este caso los 126 kilómetros que separan León de Oviedo, el Camino de San Salvador, de mochila y albergues. 

Y es que el Camino de Santiago te atrapa, tiene algo adictivo y te pueden pasar cosas muy singulares. Como ejemplo, en la primera edición antes de empezar a andar y correr desde Sarria a Santiago (sí, hicimos el camino en parte corriendo) a mí y a mi mujer nos casaron en Astorga, como lo digo y les cuento: un señor muy mayor, de nombre Esmeraldo, nos para por la calle, nos pregunta nuestros nombres, si estamos casados, si tenemos hijos, y sin más dilación nos pide nuestras alianzas y unas monedas. Llevándonos a la sombrita en una sobremesa en pleno de mes agosto, y martes además, oficia un casamiento en toda regla, donde yo acabé besando a la novia, y cuando le quiero dejar las monedas, como donativo o lo que sea, al Sr. Esmeraldo, va y me dice: “No hombre no, te las guardas que te harán falta”. Por eso digo que algunos refranes hay que ponerlos en duda o en cuestión, como aquel que dice que “en martes ni te cases ni te embarques”. A los hechos me remito. De momento, lo del barco los vamos a dejar para más adelante…


El Sr. Esmeraldo, de Astorga.

No me extraña que cuando llegamos el domingo a Santiago, en la Oficina del Peregrino, que para darte la Compostela te preguntan las motivaciones por las que has hecho el Camino, si son motivos religiosos o espirituales, u otros, mi atleta favorita (mi mujer), sin pensar, va y dice:  “yo no lo he hecho por ningún motivo,  yo he hecho el Camino por amor, por acompañarle  a él”, vamos por acompañarme a mí y por la ilusión que yo tenía, porque hay que estar un poco locos para hacer el Camino corriendo.

Bueno, y todo esto, para transmitir con el máximo respeto, incluso a las personas que no tienen intención de hacer Camino alguno o que nunca lo harán (Tengo un amigo que presume con una camiseta muy simpática donde resalta un NO rotundo en mayúsculas y rodeado de un círculo al que sigue la frase HE HECHO EL CAMINO DE SANTIAGO, y presume de ello además), un deseo lleno de positividad, ¡que pasen una magnífica Feria de Consolación 2019, y un buen y prometedor inicio de curso, temporada o ejercicio 2019/2020! Y a los peregrinos y peregrinas les deseo Buen Camino.





Otro día les contaré qué tal la experiencia del Camino de San Salvador, de la Salvadorana, y de la frase que dice que: “Quien va a Santiago y no a San Salvador, sirve al criado y olvida al Señor”, pero esa es otra historia…  


martes, 2 de septiembre de 2014

HISTORIAS CON BICICLETAS (III). PARTICULAR HOMENAJE A FERNANDO HERNÁNDEZ "JUANILLÓN"





Hay una cita anónima del mundo del ciclismo que dice que “No se deja de pedalear cuando se envejece, sino que se envejece cuando se deja de pedalear”.  Los que somos de Utrera, tenemos una referencia inequívoca de la veracidad de esta reflexión sobre quienes practican el deporte de las dos ruedas, y es que quienes conozcan a Fernando Hernández (más conocido en el mundo ciclista como Juanillón), podrán dar fe de su vitalidad, lozanía y buen ánimo, todo un personaje y todo ejemplo para los más jóvenes.  De Juanillón se  puede escribir toda una biografía deportiva de su dilatada y laureada carrera cuasi profesional.  Habitual de los pódiums obteniendo premios y reconocimientos en eventos cicloturistas en los que sigue participando, cuenta ya con  tres cuartos de siglo en sus piernas, y suma y sigue.





Hace unos meses Juanillón dejó de verse por un tiempo en sus habituales salidas en bicicleta de montaña. Hay que decir, que se apunta  con cualquier grupo organizado que emprenda rutas, entre semana o en fines de semana, y de verde casi siempre, pues viste tanto los colores de la Peña La Fábrica Nieve como de la Asociación Legiones de Leptis, y si llueve, se le reconoce de lejos gracias a su exclusivo chubasquero color amarillo anaranjado, y es que no para. “Tiene un hombro fastidiado de un pequeño accidente, pero nada grave, pronto vuelve”, me dijeron, y me quedé más tranquilo. Pero el que no estaba tranquilo era él, ni había dejado de salir de forma habitual. Yo mismo lo descubrí en Vistalegre, en la antigua carretera de Molares, el solo, arriba y abajo, en su bicicleta, de paisano, con un alfiler de la ropa en los bajos del pantalón para no marcharlo de grasa, con su lesionado brazo en cabestrillo, y no perdiendo la forma física para así poder participar en la III Marcha Cicloturista “El Mostachón”, que organizó el Club Utrera en Bici en el mes de junio.




Pues bien, el caso es que de Juanillón se cuentan muchas historias y anécdotas, y él mismo también las cuenta muy jovial y campechano. Por poner un ejemplo de su perfil deportivo en sus comparecencias kilométricas, él no toma modernidades tales como barritas energéticas y geles isotónicos, no, el se repone con mantecados y polvorones de Estepa, hasta en los meses de Julio y Agosto y a las siete de la tarde, “para que no se me caduquen”, dice él. Aunque para historia, una de las mejores y muy  divertida,  fue la que ocurrió  hace menos de un año en una ruta de las que organiza mi amigo Antonio Soria con La Fábrica de Nieve, a la que lamentablemente no pude asistir, pero que contadas en sus distintas versiones por testigos oculares y contrastadas con el propio protagonista y su hijo Stefan, reproduzco a continuación como si hubiera estado allí mismo.

El numeroso grupo de ciclistas de montaña  en el que iba Juanillón  ese día rondaba casi la treintena, y no se podían imaginar que la ruta vespertina entresemana sería una de las más cortas en kilómetros que se recuerde y  también una de las más recordadas, y todo por culpa (aunque yo diría más bien por arte y gracia) de nuestro veterano mountain biker de referencia. Hete ahí que en dirección a la Marisma, pasado el Cortijo del Toruño por el camino paralelo a la vía del tren y antes de llegar a Las Alcantarillas, el grupo se detuvo en seco: ¡Para, para, para…! ¿Qué ha pasado? ¡Que Juanillón ha perdido su dentadura! ¿Pero cómo ha sido eso? ¡Nada, que como íbamos tan rápidos en una arrancá y del esfuerzo se le ha salido! ¿Pero cuándo? ¿Dónde? Todas las preguntas claves, vaya. Se  pueden imaginar la situación, a medio camino entre el desconcierto, la sorpresa, la incredulidad inicial, risas, sonrisas, y la posterior  solidaridad ante el singular extravío del compañero y amigo. Estuvieron dos o  tres horas buscando, todo el grupo, pero nada, se tuvieron que volver para Utrera antes de que se hiciera de noche, con Juanillón preocupado y sin su prótesis dental, que además era nueva y le había costado un buen dinerito.

De la noticia tuve conocimiento a  través de una conocida red social de telefonía móvil (del WhatsApp para ser exactos), y del seguimiento y desenlace final también, aunque enriquecido meses más tarde con aportaciones de los propios protagonistas, de viva voz, en persona y con una cervecita de por medio. ¿Pero no te diste cuenta Fernando?   “Hombre, yo sí  me di cuenta, pero como íbamos rapidillos si paraba de golpe era peligroso, porque íbamos veinte o treinta, y tirando, así que tardamos en parar por lo menos doscientos o trescientos metros. Chispa más o menos, yo sabía donde se me había caído, pero una cosa tan chica y en medio de un camino de tierra, ya se sabe…”.  Acompañado por su hijo se fue al sitio al día siguiente, del que tenía algunas referencias geográficas, pero nada, no hubo suerte.  Él solo fue una tercera vez, con igual e infructuoso resultado. En esto que va a su médico dentista, quien le informa que la reposición le va a costar mil euros. “¡Mil Euros! ¡Déme usted 24 horas!” Se va por cuarta vez al lugar, más que trillado y sectorizado por zonas, echa casi otro día entero buscando, “vamos, los ojos se me iban a salir de tanto buscar”, y cuando ya desanimado y apesadumbrado volvía a su coche dando por perdida su prótesis de forma definitiva (y los mil euros también), va y la encuentra al fin casi por casualidad “¡Allí mismo estaba! ¡Al lado de mi coche!” ¡Menos mal!

Aunque esta historia con bicicleta seguro provocará alguna que otra sonrisa, incluso puede que risa y hasta contagiosa, está escrita con todo el cariño, admiración y respeto por el deporte de la bicicleta en general, y por el amigo Juanillón en particular, al que le rindo mi humilde homenaje. Y es que como dijo el novelista, H.G. Wells, autor del El hombre Invisible entre otras novelas de ciencia ficción, "Cuando veo a un adulto en una bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana". Pues lo mismo me pasa a mí cuando veo en bici a personas como Fernando Hernández, y esto no es ciencia ficción, sino real como la vida misma.




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lunes, 30 de diciembre de 2013

HISTORIAS CON BICICLETAS (I). EL TAPER DE ESPINACAS CON GARBANZOS Y LA CHUPITA DE COLOR AZULINO



















Las bicicletas no sólo son  para el verano, y contradigo con ello el título de la obra de teatro de Fernando Fernán Gómez y la película del mismo título de Jaime Chávarri. Como una demostración científica vamos a certificar tal aseveración, pues en torno a nuestro vehículo de dos ruedas de propulsión humana, donde el pasajero es a la vez motor, ocurren historias en todas las estaciones del año, aunque cierto es que en verano, y también en primavera, con el buen clima siempre hay más tiempo y mejor disposición para dar un paseo ciclista, o biciclista, como decía un niño amigo mío, con la posibilidad incrementada en altos porcentajes de probabilidad de que sucedan no una, sino múltiples historias.

Esta historia que les cuento a ustedes en esta ocasión pasó no hace mucho a una buena amiga, lo cual creo que es una redundancia, porque si es amiga se le supone buena, aunque bueno,  me estoy metiendo en un buen jardín. Digamos que le pasó a una amiga, sin más. Como iba diciendo, los hechos acaecieron en pleno otoño,  en una mañana de las que amanecen bien frías, aumentada  la sensación  térmica por la falta de costumbre y por un viento muy desagradable. Son de esas mañanas en las que a medida que transcurren las horas y el sol hace su aparición, hay un momento en el que empiezan a sobrar algunas prendas de vestir, prendas  de las es mejor no desprenderse, porque la tarde, y sobre todo la noche, llegarán irremediablemente para echarlas en falta, y además con el riesgo cierto e inminente de acabar pillando en caso ausencia de tales (las prendas) el primer resfriado de la temporada.

Mi amiga, que como la inmensa mayoría de los mortales estamos adaptándonos a los momentos que nos está tocando vivir, y donde ir de tapas o restaurantes se mide de forma cada vez más ajustada (o falta dinero o sobra mes), había previsto almorzar con un grupo de otras tantas féminas, para lo cual en casa de una de ellas habían previsto llevar cada una algo cocinado previamente. La anfitriona gastrónoma vive en un extremo de la ciudad de Sevilla, y mi amiga en el otro, digamos que a un buen paseo, que por carriles bici y bici de alquiler, a no más de media hora. Así que hacia allá se va ella, con un taperware en la cesta de la bicicleta y conteniendo el mismo las mejores espinacas con garbanzos que hasta el momento le habían salido, “buenísimas”, según me dijo.

Marina, que así se llama mi amiga, pedaleando llevaba un rato cuando el sol convierte el agradable paseo ciclista en un viaje un tanto acalorado. Se detiene un momento, y se despoja de su chupita de cuero, que estaba provocando, de forma lógica, algo parecido a un efecto invernadero en mi ciclista amiga. Adviértase que la chupita no era de cualquier color, sino de color azulino, no azul, celeste o turquesa, sino azulino, matiz o apreciación de color casi imposible para la percepción masculina, pero que para el género femenino es clarísimo distinguir y clasificar, como fácilmente diferencia el color carne del beige, o el malva del morado, por poner algunos ejemplos de tan significada habilidad cromática. Con todo ello, se quiere poner de manifiesto, además,  la exclusividad de la prenda, toda una chaquetilla o torera  de cuero de color azulino, y que posicionó en la misma cesta justo encima de su exquisito y tradicional plato de cocina andaluza, las espinacas con garbanzos.

Pues bien, llegada a su destino y aparcada la bicicleta en el espacio habilitado reglamentariamente, y quizás aún un poco mareada y seguro que cansada por el pedaleo bajo el sol, cuando alcanza la última planta del edificio y delante de la puerta del piso de la anfitriona, echa en falta aquello que traía y que se ha dejado olvidado en la mencionada cesta. Vuelve al callejero parking de bicis, ahora corriendo a buen ritmo (sólo le faltó nadar en el río Guadalquivir para completar todo un triatlón), y a unos metros de su alquilado vehículo respira algo más tranquila al ver su exclusiva chupita, pero ya más cerca, al tomarla de la cesta, se da cuenta que ya no hay nada más debajo: ¡habían desaparecido las espinacas con garbanzos!

La cara de mi amiga cuando me lo contó era una mezcla de asombro o de perplejidad mezclada con la sensación de gratitud por no haber sido desposeída de una de sus prendas favoritas. A la misma vez, recordaba recreándose en su creación culinaria, y se alegraba al menos por el hecho de que alguien que seguramente lo necesitaba mucho más se habría alimentado por lo cocinado por ella con tanto esmero, esperando  al menos, eso sí, que esa persona disfrutara, sola o en compañía, de sus buenísimas espinacas con garbanzos, alguien que tuvo el detalle o deferencia de dejarle a ella seguir disfrutando de su preciada y excluida chupita de cuero azulino.

En fin, como dijo Albert Einstein una vez, o puede que más veces, “La vida es como montar en bicicleta. Para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando”. 


¡Felices Fiestas de Navidad y Buen Año 2014!

domingo, 8 de diciembre de 2013

EL CAMINO DE SANTIAGO (II PARTE)




Sobre el Camino de Santiago,
calzadas romanas 
y Utrera de por medio.


Cuenta la leyenda (siempre quise comenzar una historia con esta tradicional expresión) que allá por en el siglo IX,  llegó a los oídos de un rey asturiano una maravillosa noticia: en un apartado rincón de Galicia los lugareños habían descubierto una tumba que todos afirmaban que no podía ser otra sino la del apóstol Santiago. El monarca, de nombre Alfonso y conocido como el Casto, visionario él, mandó construir sobre el santo sepulcro una iglesia, y al lado convento de frailes benedictinos. Pronto surgió una aldea en torno a la iglesia, la aldea se convirtió en ciudad, y siglo tras siglo hasta la actualidad acuden a ella peregrinos de todo el mundo siguiendo las estrellas de la Vía Láctea, Campus Stelae, a la ciudad de Santiago de Compostela.

Fue en esta etapa de nuestra Historia donde se inició la larga Reconquista, y en este contexto de luchas entre moros y cristianos fue cuando el Camino comienza a dar sus primeros pasos, como conexión de la  España de aquel tiempo con el resto de la Europa cristiana, de donde llegaban los medievales peregrinos.  Y cuenta otra leyenda  que al rey Ramiro, en la cruenta Batalla de Clavijo contra los musulmanes, y cuando más difícil y más dramática se tornaba la situación, se le apareció la figura de Santiago el Apóstol, sobre un caballo blanco y espada en mano, animando a los agotados guerreros cristianos, pasando desde entonces a ser conocido como Santiago Matamoros, erigiéndose como símbolo y protector de la causa cristiana.

Hecha esta pequeña reseña historica, más bien legendaria, no hay lugar a dudas de la influencia de la misma en propia historia de Utrera, donde nuestro Patrón no es otro que el Apóstol Santiago, con la magnífica iglesia de  Santiago el Mayor, su insigne veleta, el Cristo de Santiago, la hasta hace muy poco calle Matamoros muy cerca, con la Cruz de Santiago y las conchas del Camino en lo alto del Arco del Niño Perdío, la misma cruz roja sobre el negro de las túnicas del Silencio Cautivo, y así un sin fin de símbolos alusivos y que han perdurado hasta nuestros días.








Retomando mis pasos, diré que más que de El Camino de Santiago habría que hablar de nuestro Camino de Santiago, el de cada uno, pues cada cual hace el suyo propio, para cada uno tendrá un significado, unas expectativas y unas consecuencias. El mío comenzó hace ya algún tiempo, más de una década, cuando cayeron en mis manos varias lecturas relacionadas, como la de El Peregrino de Santiago, de Paulo Coelho, y también Peregrinatio, de mi admirada Matilde Asensi, que leí y ella escribió después de su novela Iacobus. Recomendados quedan los tres, por compartir en común iniciáticos caminos caballerescos, y por extraer de su lectura mensajes que se pueden y se debieran aplicar a nuestras propias vidas. Interesante, aunque muy desconocida, es la versión que se descubre en Peregrinatio, muy distinta y herética de la leyenda antes comentada sobre el origen de la tradición. Pero como dice Cayetano Martínez, de la Asociación  Amigos del Camino de Santiago de Sevilla Vía de la Plata, “El cuerpo (del Apóstol) no sé si estará o no, pero el espíritu seguro que está”.

Vamos andando, poco a poco, en este camino que llegará hasta Utrera, y que la cruzará, para alcanzar como destino final la ciudad de Santiago de Compostela. Y es que el Camino de Santiago, como  Correr, (running como se dice hoy,  footing  ya se dice menos) está en auge, e incluso algunos locos se atreven a hacer el Camino corriendo. Hay que decir que el Camino se puede hacer no sólo a pie, sino también en bicicleta y hasta a caballo, las tres modalidades por las que llegados a Santiago se concede la Compostela tras presentar la Credencial del Peregrino, no sin antes haber completado al menos los 100 últimos kilómetros a pie y a caballo ó 200 en bicicleta.

Atletas y peregrinos portugueses
Mucho que ver en la revitalización del Camino alcanzada en el siglo XX se debe a la difusión de los Años Jacobeos por parte de la Xunta de Galicia, que son los que el 25 de Julio (festividad de Santiago Apóstol) caen en domingo. También destaca la proyección europeísta del Camino de Santiago, versión actualizada de la vocación de pertenencia a la cristiandad en la antigüedad, adaptada ahora a nexos comunes en el Marco Comunitario Europeo, todo ello desde un punto de vista político, económico y cultural.

Pero si se tuviera que destacar a alguien en el resurgir de las peregrinaciones modernas a Santiago de Compostela, habría que mencionar y reconocer la figura de Elías Valiña, el cura de O CebreriroOriginario de Sarria, el Padre Valiña fue quien delimitó los tramos originales de la ruta jacobea, marcando el itinerario con las inconfundibles flechas amarillas, todo un símbolo e icono del Camino. Como curiosidad hay contar que el color elegido fue el de la pintura facilitada al párroco peregrino y hospitalero por el antiguo MOPU, el Ministerio de Obras Públicas, en otras palabras, el único color que había disponibible. El periódico La Voz de Galicia contaba la famosa anécdota del párroco y que le ocurrió en los Pirineos: tras  pararlo la Guardia Civil mientras se hallaba con un bote de pintura en la mano dibujando llamativas flechas, le preguntaron que qué estaba haciendo en ese paso fronterizo. «Preparando una gran invasión desde Francia», fue la respuesta. Tras llevarlo al cuartel, se aclaró todo.


Una de las famosas flechas de Elías Valiña

Este camino está siendo ya un poco largo, así que vamos acabando. Porque aunque el más conocido de todos y con el que enlazan otros es el Camino Francés, que parte desde Saint Jean Pied de Port en Los Pirineos, también está el Camino Aragonés, el Primitivo, el Vasco, del Norte, Sanabrés, Portugués, el Catalán, Baztanés o el Inglés, teniendo cada vez más seguidores el Epílogo de Fisterra y Muxía. Pues bien, para nosotros, la gente del Sur, el camino más cercano que nos lleva a Compostela, y con diferencia el más largo, es el Camino de la Vía de la Plata, siguiendo la antigua calzada romana que unía Emerita Augusta con Asturica Augusta (Mérida y Astorga actuales). 

Desde Sevilla a Santiago, por la Vía de la Plata enlazando con el Camino Sanabrés, hay exactamente 980 kilómetros, y por la misma Vía de la Plata siguiendo por el Camino Francés desde Astorga son 963 kilómetros. Y ahora viene el no va más: como se anunciaba hace unos meses, si comenzamos el Camino siguiendo otra antigua calzada romana como es la Vía Augusta partiendo desde Cádiz, pasaremos por localidades como San Fernando, Puerto Real, Jerez, El Cuervo, Lebrija, Las Cabezas, muy cerquita de nuestro pueblo de colonización de Trajano (se recomienda parar, descansar y visitar), cruzaremos por el puente romano de las Alcantarillas y necesariamente entraremos por la Fuente de Ocho Caños tras seguir el camino paralelo a la vía del tren, donde se podrá hacer parada y noche en el futuro albergue de peregrinos de Utrera para llegar hasta Sevilla al día siguiente. En total, más de 172 los que tendríamos que sumar al casi millar peregrinos kilómetros, su mayor parte por antiguas calzadas romanas. 


Puente romano de las Alcantarillas


Fuente de Ocho Caños

«Las personas siempre llegan a la hora exacta donde están siendo esperadas. Ligeros de equipaje, lo importante es no dejar de lado los lugares que algún día se podría lamentar no haber visitado teniendo oportunidad de hacerlo, pues la puerta se abre a todos, no solo a católicos, aceptándose las dificultades como un aspecto más del aprendizaje en el avance, tomando siempre en los momentos de crisis la decisión correcta y aprovechando la soledad para reflexionar sobre el futuro». 


 ¡Buen camino!


sábado, 8 de junio de 2013

RENÉ LAVAND, ARTESANO DE ILUSIONES Y CONTRABANDISTA DE FRASES


Entrada muy singular la que hoy se sube. Racional y a la vez emotiva, lo que no deja de ser una curiosa paradoja. Biográfica, también autobiográfica de los protagonistas y sus familias, regalo y autorregalo en sí mismo, por el disfrute en tiempo presente y seguro que en el futuro con perspectiva de pasado. Se trata de una conjunta colaboración para la Revista Vía Marciala de Utrera publicada en el mes de Junio, adornada aquí con un poco más de documentos gráficos en forma de fotografías.


La magia de René Lavand
pasó por Utrera

Diego Gomez Ojeda



Héctor René Lavandera, nació en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1928. De origen asturiano, y afincado desde su infancia en la ciudad de Tandil, René Lavand es un ilusionista argentino de fama mundial especializado en cartomagia. Considerado una leyenda, venerado por David Cooperfield, elevado a la categoría de maestro por Juan Tamariz, él mismo se define como artesano de ilusiones y contrabandista de frases.



Le conocí hace un año y medio, cuando vino a actuar a Sevilla. Un grupo de amigos cenamos una noche en Los Molares con él y su discípulo en Sevilla, Mario el Mago. De una personalidad cautivadora, con cierto aire de misterio, de fácil oratoria dosificada con precisión, le conocía por alguna actuación suya en televisión, pero no tenía muchas más referencias. No obstante, la admiración que le profesa mi amigo Paco Domínguez era aval más que suficiente para que sembrara mi interés y creciera la común admiración que hoy compartimos, y como muestra esta conjunta y complementaria colaboración.






De aquella noche recuerdo, y René también se acuerda, que estando él un poco “sordete” y yo que hablo más bien “flojito” no me hacía entender cuando hablaba, a lo que no ayudaba mucho mi indudable acento andaluz, difícil para un argentino, según él. Yo le expliqué que nosotros los andaluces no nos comemos las palabras, sino que las saboreamos, lo que le hizo mucha gracia. Cuando nos vimos el pasado mes de Mayo en Utrera, lo primero que me dijo fue “no saborices que estoy sordo”, añadiendo luego “si me prometés no hablar en andaluz te prometo no hablar en argentino”, y empezamos a reírnos de buen gusto, pues la promesa era más que nada imposible, por ambas partes.


 




René Lavand ha forjado su leyenda como ilusionista de forma autodidacta. Todos los libros y técnicas conocidas en el mundo de la magia son para magos con dos manos. El sólo tiene una, la izquierda, pues perdió la mano derecha en un accidente cuando sólo tenía nueve años. Practicando de forma casi obsesiva desde su infancia, es tal el dominio de la baraja con su única mano, que la maestría que demuestra es poco menos que su carta de presentación y lo que lo hace único en el mundo, irrepetible, consiguiendo con ello no sólo haber superado de forma admirable la adversidad, sino que además lo hace contando historias, nombrando citas, compartiendo divertidas anécdotas, con las que adorna, complementa y enriquece sus actuaciones. Sus ilusiones, no serían las mismas sin el acompañamiento de la música, sus palabras, sus pausas y sus silencios, puro arte, pura mentira, pues como él dice “el arte es una mentira y mentir es un arte”.

La belleza de lo simple, mirar con los ojos del alma, la cámara implacable que no lo deja mentir y no se puede hacer más lento, son cuatro claves de la conocida como “lentidigitación”, palabra que acuñó el propio Lavand y que en contraposición a la prestidigitación, define la ilusión ejecutada lentamente a fin de llevar la imposibilidad a su máxima expresión. Su legendario número de “las tres migas” es un claro ejemplo.


 




 
A sus 84 años, e inseparable de su esposa Nora, a René no le pasan los años, le pesan. Profeta en su tierra, con una estatua en vida en su ciudad Tandil, película recién estrenada en España, de éxito de crítica y público en Argentina de título “El Gran Simulador”, este barajador de ilusiones considera que “el público perdona el error, lo que no perdona es el aburrimiento”. Para él, “la única misión del artista es convencer al mundo de la verdad de su propia mentira. No hay artista sin estilo y yo creo que logré añadir belleza al asombro al arrimarle al ilusionismo una dosis de poesía y dramatismo”.


 








“No se puede hacer más lento,
no se puede hacer mejor”.






 
El Gran Simulador,
la historia de un silencio

Francisco Domínguez López

Las pasiones compartidas están por encima de las palabras; y los silencios prolongados no molestan, cuando la amistad es profunda.


Cuenta la leyenda que los habitantes de Tandil (Argentina) acudían al Banco Nación para ver si era cierto que un hombre, detrás del mostrador y parecido a Mandraque, escribía a máquina con una sola mano, y lo hacía más rápido que los demás, y con una infrecuente elegancia. Los que pudieron verlo, daban fe de que era un hombre que podía hacer cosas maravillosas. Ese mismo hombre, ya conocido como René Lavand, prestidigitador, ofreció sus primeras creaciones a su querido pueblo, antes de que el mundo consagrara sus destrezas, cercanas al gran arte, y considerara a René como uno de los pocos grandes magos del mundo, y con una sola mano: la zurda.


 





 
Realizada por mi amigo Diego la glosa biográfica sobre nuestro protagonista, de una forma más subjetiva improvisaré sobre la persona, por encima del artista, desde una óptica, sin duda, emocional. Me tranquiliza que “mis improvisaciones” son la resultante de mi más profunda deliberación. Así, diré que tengo el lujo de compartir con René una afición y la suerte de contar con su presencia en Utrera, de visitarnos cada vez que se acerca a Sevilla a pasear por el Barrio de Santa Cruz y ofrecernos sus eternos, medidos y escalofriantes silencios sobre el escenario, demostrando un fascinante control de las pausas.

Quizás, la belleza del asombro tenga la motivación en la destreza con la baraja, sin embargo, mi sentido más agudizado en sus espectáculos siempre es el oído, intentando oír el silencio y la pausa entre cada una de las anécdotas e historias con las que va hilvanando una clara conexión entre el público y el artista. Todo un mundo de milagros en el breve espacio de una mano. También diré que de René no debe asustar su inmodestia. Si le preguntas él te responderá que es el mejor mago del mundo y pide disculpas; si no le preguntas, simplemente podrás comprobar que lo es. En tono jocoso y burlón, cuando pide disculpas por su inmodestia, dice: “discúlpenme, pero si no fuera inmodesto, sería perfecto”.

Sería de redacción fácil decir que es buena persona, humilde y amigo de sus amigos. No caeré en esa trampa, aunque realmente lo piense. Quizás algunas anécdotas os lleven a sacar conclusiones propias. Por ejemplo, a René hay dos cosas que le molestan: que la gente le pida autógrafos por la calle y que no se los pidan. En una ocasión le preguntaron si recordaba cuando fue la primera vez que hizo el amor, y su respuesta fue: “Señorita, si no recuerdo cuándo fue la última”. Citando a Picasso, espera que cuando le venga la inspiración, le llegue trabajando. Porque René no trabaja, se prepara permanentemente, eso sí, para entretener, divertir, emocionar a aquellos que trabajan.

A sus ochenta y cuatro años y durante sus últimas visitas ha tenido siempre la elegancia de despedirse sin decir adiós, vinculando esa despedida a un deseo de volver pronto. Lo más hermoso de los viajes es el regreso, aquí no vas, vuelves, esta es tu casa. Como el slogan más famoso que utilizas, “no se puede hacer más lento” te deseo sigas viviendo lento, no envejezcas, queremos que sigas creciendo. Esa necesidad de verte crecer es tan grande, que alguna vez hacemos como los niños cuando juegan a los piratas: Primero esconden el tesoro y después… ¡Lo encuentran! ¡Qué maravilla!








 
Amigo René, como tú, “yo prefiero el día de hoy, el día de ayer fue hermoso, pero no puedo pasarme la vida mirando hacia atrás porque corro el riesgo de perderme a todos los que marchan a mi lado. Puede que el día de mañana sea aún más bello, pero no puedo pasarme la vida mirando al horizonte, porque corro el riesgo de perderme el paisaje que se abre en mi camino a cada paso…Por eso prefiero el día de hoy, pisarlo con ganas, gozar de su sol, estremecerme con su frío, sentir como todo me grita a cada instante. Ayer fui, mañana seré, hoy soy”.

Por eso es que hoy te digo que te quiero, te pido perdón, me despido de ti sin dejarme nada para mañana, ni siquiera una sola palabra, porque hoy respiro, veo, escucho, siento, lloro, río, sufro, gozo, porque hoy estoy vivo ¡y tú también!








Un zurdo abrazo, amigo.




sábado, 23 de marzo de 2013

SEMANA SANTA, PROPIA Y PERSONAL



A mis amigos Paco Guerrero
y Ascensión Romero


Hay ocasiones en las que uno no puede ni debe decir que no. Por eso esta particular aportación, la mía propia, que por otro lado es la que mejor conozco. Y porque plantear la pregunta: ¿Serías capaz de escribir algo que tenga relación con esa fiesta callejera que tanto nos alegra el corazón?, tiene asegurada la respuesta: “Cuenta con mi colaboración”. Así de simple, así de sencillo, como la vida misma, la de cada cual, propia y personal, y cada cual la cuenta como la vive, con sus propias historias, sus etapas, sus recuerdos y vivencias, sus anhelos y deseos también, los de un futuro mejor, y ojalá que así sea.

Verán ustedes, de niño guardo un flash, un recuerdo sobre el primer paso que vi en la calle. Tendría cuatro o cinco años como mucho, y presencié como ante un fuerte aguacero un señor se despojaba de su llamativa prenda impermeable para cubrir el cuerpo de un Cristo, que inmediatamente comenzaba una veloz carrera hacia un templo, melena al aire, cada vez más mojada. No se me olvida, ni los colores ni los olores. Se me quedó todo grabado. Hoy pienso en aquel señor que se puso empapado él y que evitó daños irreparables, o que al menos hizo que fueran menos graves. También me imagino el semblante de los atletas costaleros, cómo desearían llegar cuanto antes a su precipitada entrada en meta, empapados ellos por sus propias lágrimas, y su sudor, y me los imagino fundidos en un abrazo de fraternal consuelo ante la situación sobrevenida. La estampa ahí queda, para mi recuerdo personal, hoy un poco más transferible.

Después de este parvulito recuerdo, la Semana Santa de mi niñez para mi siempre fue un tiempo de descanso vacacional, sin música moderna en la radio, sin pasos ni procesiones (en la tele sí), un tiempo de reflexión obligada, de lectura, de meditación y deporte, y tengo que reconocer que era muy aburrida, y también un poco triste. Pensaba que era fiesta más que nada porque no había colegio, pero para fiesta, fiesta, el verano, las Ferias y las Navidades. La Semana Santa de aquel tiempo me parecía una fiesta muy singular, atípica, seguramente un poco o un mucho incomprendida, por mi, claro está. Verdad que estrenábamos en mi casa alguna prenda en Domingo de Ramos, que sobre todo mi madre nos hablaba de la Pasión del Señor, y que los Jueves y Viernes Santo, las viandas cárnicas se evitaban, no así las torrijas y pestiños. Pero tengo que decir que tras la alegría de los primeros días sin cole, estaba deseando no que llegara el Domingo de Resurrección, sino que pasara todo cuanto antes, más que nada para volver a la rutina del colegio, la rutina más alegre que se puede imaginar para el niño que era yo.

Y llegó la adolescencia, esa especial primavera en la vida que hace que todo cambie, porque la persona misma en ese tiempo está cambiando, como las páginas de Internet de antes (no hace tanto), que anunciaba aquello de estamos “en construcción”. Con el bachillerato, y más en mi querido Colegio Salesiano de Utrera, el puzzle de mi Semana Santa de alguna forma empezaba a encajar. A ello contribuyó la asistencia a varias conferencias cofrades, alumnos de COU que eran expertos y maestros en la historia de pasos, misterios, advocaciones varias de la Madre de Dios, Cristos y Jesús Nazareno. No imaginaba tantas Hermandades y Cofradías, y que salían en estación de penitencia por las calles de Utrera prácticamente todos los días de la Semana Santa. Hasta que casi sin darme cuenta todo iba encajando. El punto de inflexión, por así decirlo, llegó cuando había cumplido los dieciséis años, y ocurrió la noche de Jueves Santo, de madrugá, cuando fui testigo de parte de dos vertientes y formas de sentir la Semana Grande en Utrera esa especial noche: la del silencio del Cautivo, la del quejío flamenco de Los Gitanos. Inolvidable. Pasión por las dos, de difícil elección si tuviera que hacerlo.

Pero antes de la elección, que la hubo y que dejaré para más adelante, diré que el Domingo de Ramos adquirió una especial significación desde el año 1997, cuando llegó a Trajano, nuestro utrerano Pueblo de Colonización del Bajo Guadalquivir entre la Campiña y la Marisma, la antigua Imagen de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, “La Borriquita”. Coincidiendo con la celebración del XXV Aniversario de la Fundación de Trajano en Abril de 1997, le fue entregada oficialmente la Imagen a la comunidad parroquial de manos de la Hermandad de la Trinidad de Utrera. Desde entonces se le ha guardado el culto prometido a la Sagrada Imagen, y así, restaurada y renovada por la Asociación Parroquial de mismo nombre, el Domingo de Ramos se ha convertido, nunca mejor dicho, en santo y seña de nuestras vidas, y esperamos que así sea por muchos años, pues la blancura del pueblo, la música, el paso firme de los costaleros y nazarenos de blanco y azul, las palmas y el calor de todos los presentes, llenan de emoción y alegría un día tan significativo y con el que da comienzo la Semana Santa.




Retomando la cuestión de mi personal elección, ésta llegó después de unos años desde aquella primera madrugá. Solía venir desde Trajano a los Oficios del Jueves Santo por la tarde, previa merienda y café, pero sobre todo me gustaba esperar a mi amigo Paco, que se vestía con su padre, y salían juntos. En la misma Hermandad también salían los que serían cuñados y yernos respectivamente, y recuerdo el sabor de las yemas de San Leandro de Ascensión mientras se comentaba una vez finalizada la estación de penitencia, donde siempre se apuntaba lo que había dicho don Cristóbal, anticipo de lo que escribiría y luego leeríamos en la Plaza de Bacalao de Vía Marciala. También salía aquellos años de penitencia un joven salesiano, muy recordado y llorado, amigo y referente, Manolo Parra. Y la elección se consumó, por convicción personal, por afinidad, por sentimiento y por compromiso.




Muchos años me vestía y salía con mis amigos desde de su casa, alguna vez desde la Parroquia, y desde hace ya más diez años desde nuestra propia casa, desde la calle que lleva el nombre de nuestro titular, Redentor Cautivo. Y este año, si el tiempo lo permite y si Dios quiere, saldré acompañando a mi hijo mayor, que a sus casi dieciséis años ha decido hacerse hermano y jurar las reglas. Juntos por primera vez acompañemos a Ntro. Padre Jesús Cautivo y a Ntra. Sra. de las Lágrimas, y cada uno vivirá su personal y propia Semana Santa, que también deseo y espero grabar para siempre en esta especial ocasión.