"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


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sábado, 23 de marzo de 2013

SEMANA SANTA, PROPIA Y PERSONAL



A mis amigos Paco Guerrero
y Ascensión Romero


Hay ocasiones en las que uno no puede ni debe decir que no. Por eso esta particular aportación, la mía propia, que por otro lado es la que mejor conozco. Y porque plantear la pregunta: ¿Serías capaz de escribir algo que tenga relación con esa fiesta callejera que tanto nos alegra el corazón?, tiene asegurada la respuesta: “Cuenta con mi colaboración”. Así de simple, así de sencillo, como la vida misma, la de cada cual, propia y personal, y cada cual la cuenta como la vive, con sus propias historias, sus etapas, sus recuerdos y vivencias, sus anhelos y deseos también, los de un futuro mejor, y ojalá que así sea.

Verán ustedes, de niño guardo un flash, un recuerdo sobre el primer paso que vi en la calle. Tendría cuatro o cinco años como mucho, y presencié como ante un fuerte aguacero un señor se despojaba de su llamativa prenda impermeable para cubrir el cuerpo de un Cristo, que inmediatamente comenzaba una veloz carrera hacia un templo, melena al aire, cada vez más mojada. No se me olvida, ni los colores ni los olores. Se me quedó todo grabado. Hoy pienso en aquel señor que se puso empapado él y que evitó daños irreparables, o que al menos hizo que fueran menos graves. También me imagino el semblante de los atletas costaleros, cómo desearían llegar cuanto antes a su precipitada entrada en meta, empapados ellos por sus propias lágrimas, y su sudor, y me los imagino fundidos en un abrazo de fraternal consuelo ante la situación sobrevenida. La estampa ahí queda, para mi recuerdo personal, hoy un poco más transferible.

Después de este parvulito recuerdo, la Semana Santa de mi niñez para mi siempre fue un tiempo de descanso vacacional, sin música moderna en la radio, sin pasos ni procesiones (en la tele sí), un tiempo de reflexión obligada, de lectura, de meditación y deporte, y tengo que reconocer que era muy aburrida, y también un poco triste. Pensaba que era fiesta más que nada porque no había colegio, pero para fiesta, fiesta, el verano, las Ferias y las Navidades. La Semana Santa de aquel tiempo me parecía una fiesta muy singular, atípica, seguramente un poco o un mucho incomprendida, por mi, claro está. Verdad que estrenábamos en mi casa alguna prenda en Domingo de Ramos, que sobre todo mi madre nos hablaba de la Pasión del Señor, y que los Jueves y Viernes Santo, las viandas cárnicas se evitaban, no así las torrijas y pestiños. Pero tengo que decir que tras la alegría de los primeros días sin cole, estaba deseando no que llegara el Domingo de Resurrección, sino que pasara todo cuanto antes, más que nada para volver a la rutina del colegio, la rutina más alegre que se puede imaginar para el niño que era yo.

Y llegó la adolescencia, esa especial primavera en la vida que hace que todo cambie, porque la persona misma en ese tiempo está cambiando, como las páginas de Internet de antes (no hace tanto), que anunciaba aquello de estamos “en construcción”. Con el bachillerato, y más en mi querido Colegio Salesiano de Utrera, el puzzle de mi Semana Santa de alguna forma empezaba a encajar. A ello contribuyó la asistencia a varias conferencias cofrades, alumnos de COU que eran expertos y maestros en la historia de pasos, misterios, advocaciones varias de la Madre de Dios, Cristos y Jesús Nazareno. No imaginaba tantas Hermandades y Cofradías, y que salían en estación de penitencia por las calles de Utrera prácticamente todos los días de la Semana Santa. Hasta que casi sin darme cuenta todo iba encajando. El punto de inflexión, por así decirlo, llegó cuando había cumplido los dieciséis años, y ocurrió la noche de Jueves Santo, de madrugá, cuando fui testigo de parte de dos vertientes y formas de sentir la Semana Grande en Utrera esa especial noche: la del silencio del Cautivo, la del quejío flamenco de Los Gitanos. Inolvidable. Pasión por las dos, de difícil elección si tuviera que hacerlo.

Pero antes de la elección, que la hubo y que dejaré para más adelante, diré que el Domingo de Ramos adquirió una especial significación desde el año 1997, cuando llegó a Trajano, nuestro utrerano Pueblo de Colonización del Bajo Guadalquivir entre la Campiña y la Marisma, la antigua Imagen de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, “La Borriquita”. Coincidiendo con la celebración del XXV Aniversario de la Fundación de Trajano en Abril de 1997, le fue entregada oficialmente la Imagen a la comunidad parroquial de manos de la Hermandad de la Trinidad de Utrera. Desde entonces se le ha guardado el culto prometido a la Sagrada Imagen, y así, restaurada y renovada por la Asociación Parroquial de mismo nombre, el Domingo de Ramos se ha convertido, nunca mejor dicho, en santo y seña de nuestras vidas, y esperamos que así sea por muchos años, pues la blancura del pueblo, la música, el paso firme de los costaleros y nazarenos de blanco y azul, las palmas y el calor de todos los presentes, llenan de emoción y alegría un día tan significativo y con el que da comienzo la Semana Santa.




Retomando la cuestión de mi personal elección, ésta llegó después de unos años desde aquella primera madrugá. Solía venir desde Trajano a los Oficios del Jueves Santo por la tarde, previa merienda y café, pero sobre todo me gustaba esperar a mi amigo Paco, que se vestía con su padre, y salían juntos. En la misma Hermandad también salían los que serían cuñados y yernos respectivamente, y recuerdo el sabor de las yemas de San Leandro de Ascensión mientras se comentaba una vez finalizada la estación de penitencia, donde siempre se apuntaba lo que había dicho don Cristóbal, anticipo de lo que escribiría y luego leeríamos en la Plaza de Bacalao de Vía Marciala. También salía aquellos años de penitencia un joven salesiano, muy recordado y llorado, amigo y referente, Manolo Parra. Y la elección se consumó, por convicción personal, por afinidad, por sentimiento y por compromiso.




Muchos años me vestía y salía con mis amigos desde de su casa, alguna vez desde la Parroquia, y desde hace ya más diez años desde nuestra propia casa, desde la calle que lleva el nombre de nuestro titular, Redentor Cautivo. Y este año, si el tiempo lo permite y si Dios quiere, saldré acompañando a mi hijo mayor, que a sus casi dieciséis años ha decido hacerse hermano y jurar las reglas. Juntos por primera vez acompañemos a Ntro. Padre Jesús Cautivo y a Ntra. Sra. de las Lágrimas, y cada uno vivirá su personal y propia Semana Santa, que también deseo y espero grabar para siempre en esta especial ocasión.


jueves, 25 de marzo de 2010

DOMINGO DE RAMOS EN TRAJANO (UTRERA)

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El Domingo de Ramos de 2010 en Trajano será distinto, por muchos motivos. El primero y principal porque en este año jacobeo no saldrá La Borriquita por sus calles y su plaza. Otro gran motivo es que ya no está don Emigdio, bajo cuyo amparo de Asociación Parroquial procesaba la Sagrada Imagen. Ambos motivos causales van unidos de forma indisoluble, aunque estoy seguro que en un futuro no muy lejano, se conseguirá retomar nuestro tradicional Domingo de Ramos, y de forma natural se asociará a la historia más reciente de Trajano.

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Y por todo ello, y por mucho más, para que conste en este mi particular espacio en internet, traigo hoy el artículo publicado en el mes de Abril de 1998, de la revista utrerana Vía Marciala, una vez más. Son textos que guardo con mucho cariño, y que rememoro, pues para eso, para recordar, y porque me gusta actualizarlos acompañándolos de diverso material gráfico (las cuatro primeras fotografías son de Gerardo Carona Cano), y audiovisual de quien suscribe (fotografía y vídeo de 2004).


Desde Trajano
"La Borriquita y el Domingo de Ramos"


Leído el título de esta colaboración, parece que Trajano (pequeña población dependiente de Utrera) está muy lejos, y no lo está tanto. Apenas la separa de Utrera unos escasos veinte kilómetros, pero son bastantes más de este número los utreranos que no la conocen, como igualmente conocen poco del resto de pedanías (Guadalema de los Quintero, El Palmar de Troya, Pinzón o el Torbiscal).

A veces, resulta difícil poder integrarse en una ciudad como Utrera cuando la realidad de estas poblaciones es totalmente distinta a la de la propia urbe y además son muchos y muy variados los motivos que poco ayudan. Sin embargo, no es mi idea hacer en este momento una crítica sino más bien provocar una pequeña reflexión. En este momento, lo que se quiere es compartir con todos los amigos que leen “Vía Marciala” el Domingo de Ramos vivido en la pedanía utrerana, y es que Trajano se va haciendo Pueblo.

Hace poco más de un año, llegó a esta población del Bajo Guadalquivir la antigua Imagen de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, conocida por “La Borriquita”. Transportada en la pequeña furgoneta de un vecino, en compañía del Párroco de la localidad, el corto camino se hizo eterno de tanto cuidado de la que era objeto . Aquella noche, “La Borriquita” durmió en la nave de un agricultor, entre los arados, aperos y maquinaria. La Sagrada Imagen esperaba que llegara la mañana primaveral del Domingo para ser acompañada en una pequeña procesión a su nueva Parroquia, la de San Pablo de Trajano.

Unos días mas tarde, coincidiendo con la celebración del XXV Aniversario de la Fundación de Trajano, concretamente el día 26 de Abril del pasado año 1997, le fue entregada oficialmente la Santa Imagen a la comunidad parroquial de manos de la Hermandad de la Trinidad de Utrera, con la que Trajano siempre estará en deuda por su inmensa ofrenda. La única premisa puesta por la Hermandad fue la de “proseguir dándole el debido culto a la Santa Imagen”.
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Los vecinos de Trajano han sabido entender y cumplir lo prometido, pero yendo más allá. La muestra, el Domingo de Ramos del presente año 1998. Ese día, el 5 de Abril, se recordará como uno de los días más grandes vividos en la corta historia de este enclave que, curiosa paradoja, tiene nombre de emperador romano (eso sí, nacido en la Tierra). De esta manera, hizo su entrada triunfal Nuestro Padre Jesús en Trajano, donde todo el pueblo se echó a la calle, para ser exactos a las calles San Pedro y San Pablo, acompañando por vez primera al Nuevo Paso de la Borriquita. “En una mañana espléndida, aunque no faltó alguna que otra nube curiosa, el pueblo esperaba con los brazos abiertos”. La blancura del pueblo, la música, el paso firme de los 35 costaleros, el casi centenar de nazarenos de blanco y azul, las palmas y el calor de todos los presentes, llenaban de emoción y alegría un día tan significativo.

El camino se ha iniciado. Seriedad, sencillez, trabajo y puntualidad son algunas de las bases de la inminente Hermandad de Trajano y que se espera integrar en el propio Consejo Local de Utrera. Todo se andará. No obstante, es de bien nacidos ser agradecidos, y este año se quiere destacar la gratitud generalizada a todos los que han hecho posible lo aquí relatado, y particularmente a la Hermandad de la Trinidad de Utrera.

Desde Trajano igualmente, Francisca Carmona Geniz ofrece su poética percepción de este día grande:



¡Entre flores y fe,
qué dulce la mirada
de Jesús de Nazaret...!
Jesús, los hermanos costaleros
bordaron tus pasos entre nazarenos
y Tú mismo pudiste ver
la alegría de los trajaneros.
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Cuántas lágrimas se escaparon
entre aplausos y rezos
queriendo ser palomas para aliviar tu sufrimiento.
Cuando sus pasos llegaron
a la Torre de la Iglesia
la saeta te abordó.
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Mientras jugaba la brisa con los pinos
el tiempo no existió,
y entre música y trinos
nos trajo tu presencia momentos Divinos.
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Bien sabes que nuestro contento
no mitiga el dolor
de saberte mañana
coronado de espinas en crucifixión,
pero..., permítenos que el tenerte
entre nosotros nos llene de júbilo.
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¡Bendito Hijo de Dios!