"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


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viernes, 1 de octubre de 2021

NOTICIA: FOTOGRAFÍAS VS TEXTO


No se trata de confrontar nada. No piensen mal. Se trata de un post curioso, distinto, sin más pretensión que la propia de compartir, como algo que me ha llamado la atención y que me causa cierta sorpresa, pero sorpresa grata, que conste. Propio de la categoría "otras cosas", mi cajón desastre donde coloco todo lo que me gusta, por el motivo que sea, y que traigo a mi especial espacio en Internet.

Al abrir la noticia en un periódico digital en el que de momento no es obligatoria la suscripción (lo que se agradece de forma gratuita) y que por más señas se trata del DIARIO DE SEVILLA, tras una primera lectura a vuela pluma, mi primera conclusión es que aunque sabiendo que se está hablando del tranvía de la capital andaluza, de un problema del retraso en las obras de un nuevo trayecto, proyectos, licitaciones, etc, no tengo más remedio que reconocer que lo que más me ha gustado del artículo son sus fotografías, todas de lugares de los que está hablando su redactora, pero todas con personas, en acción de algo, todas con ciclistas, en alguna posición y actitud, con una historia cada una de ellas, y cuyo resultado es que... tendré que volver a leer el artículo.






P.D.: El fotógrafo se llama Juan Carlos Vázquez, al que le doy las gracias, a la redactora de la noticia Ana S. Ameneiro y por supuesto al Diario de Sevilla, también.


lunes, 16 de noviembre de 2020

PISAR ALGODÓN

 

Noviembre es para mí un mes propicio para pensar y escribir, y más en este año tan complicado, con un número muy redondo que ha resultado tener muchas aristas, muchísimas. Y para que quede constancia, aquí mi trigésimo séptima colaboración con la revista utrerana Vía Marciala. Como casi siempre, muy personal, en esta ocasión con base histórica reciente y con referencias bibliográficas especializadas, pero que se se comparte con toda confianza, en la confianza de que les sea agradable su lectura. Se lo quiero dedicar con todo mi cariño a mis padres, Juan y Josefa.

      Pisar algodón               

  

Pisar algodón es una de las pocas, por no decir la única, de las labores o trabajos no mecanizados en la recolección de este importante cultivo de nuestra comarca y de todo el Valle del Guadalquivir, testigo de la profunda transformación del campo andaluz desde los tiempos de la Dictadura de Franco, pasando por la Transición Democrática y los conocidos como Planes Quinquenales previos a la posterior entrada de España en la Unión Europea en 1986 con la Política Agraria Común (P.A.C.).


El cultivo algodonero en España data de la época del asentamiento musulmán en el sur de la Península Ibérica, hace más de un milenio, y su sistema agroindustrial ha sufrido numerosas vicisitudes y altibajos desde esa época a nuestros días1. Dicho esto, podrán comprobar si siguen leyendo que esta publicación no pretende ser en modo alguno un estudio técnico sobre el algodón. Me centraré principalmente en las vivencias y experiencias de mi primer cuarto de siglo de vida, aproximadamente el período referenciado en el párrafo anterior, teniendo memoria para recordar los últimos años del franquismo, los nuevos aires democráticos y la integración en Europa, eso sí, siguiendo el hilo conductor blanco de puro algodón.


De entrada, diré que soy nieto de agricultor, de un sabio agricultor algodonero como era mi abuelo Diego de Los Molares y de Trajano también. Aunque tengo recuerdos de estar sentado en el remolque de mi abuelo y de apuntar en una libreta los kilos de las sacas de algodón pesadas en la romana que me dictaban mis tíos, recuerdo, vívidamente con orgullo cómplice, cómo mi escasa recolección a mano de niño ayudaba a mis esforzados padres, cómo  mi kilo o kilo medio de inmaculado algodón colmaba rebosando el apretado saco de  mis algodoneros favoritos, que seguramente tendría un porcentaje más alto de impurezas y mayor peso, con total seguridad, lo normal en la recolección a mano y pago diario por kilos. 

   

Familia Gómez Garcia, años 70
Familia Gómez García, Trajano años 70.

De aquellos años de finales de los 70, tengo varias imágenes imborrables de la recolección, siempre por esta época de final del verano y entrado el otoño, por aquellos tiempos de forma manual por supuesto, donde la población de Trajano, de todos los pueblos de colonización donde se cultivaba y se sigue cultivando el algodón, se multiplicaba por dos veces como mínimo. Llegaban familias algodoneras paisanas y familiares de los colonos, desde El Coronil, Los Molares, Lebrija, Montellano, Marinaleda, o incluso de pueblos gaditanos como Villamartín y Espera, por poner algunos ejemplos. Una eclosión de vida y juventud. Trabajo duro, muy duro, pero también había mucha alegría, muchas amistades, relaciones, noviazgos, después hasta matrimonios, y partidos de fútbol. Fútbol y mucho más, como comprobarán.


El Campo de Fútbol siempre fue un enclave estratégico. Cuando llovía y no se podía coger algodón, era el lugar de encuentro donde trajaneros y algodoneros residentes (en los graneros y cuadras adaptadas como viviendas temporales) jugaban los primeros partidos de balompié que se recuerdan, disputadísimos. Ese mismo lugar, nuestro pequeño estadio, se convertía por algunas semanas de aquellos años en lugar de almacenamiento de los sacos llenos de algodón hasta que venían los camiones a recogerlos, muchos cuatro ejes y pocos tráileres. El terreno de juego se transformaba en verdaderas montañas algodoneras donde jugábamos los niños, rodando, saltando, escondiéndonos, con el peligro de arañazos, golpes, torceduras y alguna que otra fractura. Cosas de niños, de niños de otros tiempos, porque hoy en día podrían hacer intervenir al Defensor del Menor, mi amigo Jesús Maeztu. No recuerdo ningún guarda, y sí algún  que otro coscorrón paterno/materno si se te hacía de noche o te escapabas sin permiso, o si llegabas a tu casa con algún daño en la ropa o en el cuerpo, ambos igualmente sancionables y con castigo inmisericorde. Pero ¡qué bien lo pasábamos!


En ese mismo espacio deportivo y de juegos, en sus aledaños, ya en los años 80, se guardaban aparcadas las primeras máquinas cosechadoras de algodón que llegaron al Bajo Guadalquivir, unas enormes Pick Machine de color rojo oscuro de marca International, primero de dos chorros, luego de cuatro (para dos y cuatro hilos/surcos de algodón entiéndase) donde alguno de esos planes quinquenales, concretamente el segundo, previó entre sus principales objetivos “Avanzar en su perfeccionamiento tecnológico y conseguir alcanzar al final del quinquenio un índice de mecanización del 70%”, objetivo por otro lado incompatible o difícil de casar con el primero en orden de prioridad del mencionado plan allá por 1984 como era el de  Desarrollar la superficie de cultivo algodonero, de forma que permita una mayor racionalización del regadío, y mantener altos niveles de empleos en zonas productoras”2. Socialmente, y económicamente también, se estaba librando una batalla, entre la recolección a mano y la recolección mecanizada, un cambio que se podría decir que era de carácter estructural. Cabría citar que poco después se implantaron las desmotadoras de algodón, de la mano de nuevas cooperativas, versiones actualizadas y menos intervenidas que las antiguas cooperativas algodoneras.3


En este contexto histórico, donde se estaba produciendo la planificada e inevitable transición de la mecanización agraria, mal coexistieron esas primeras máquinas con las últimas campañas de recolección a mano de nuestro producto estrella. Recuerdo perfectamente las sirenas de Bomberos, y de la Guardia Civil, una noche en la que aparecieron incendiadas algunas máquinas en el referido enclave del Campo de Fútbol, muy cerca de mi casa y donde estaba el teléfono público (el único que había), golpes en la puerta, y llamadas varias. En aquella noche y en los días que le sucedieron, se vivieron  momentos de mucha tensión y nerviosismo entre agricultores de cooperativas que se aventuraron a invertir en las primeras máquinas subvencionadas de recolección de algodón, y que se vieron “cuestionados” por jóvenes jornaleros recolectores de a mano. Algunos de esos jóvenes eran incipientes líderes sindicales, que posteriormente han tenido una carrera política y/o sindical “considerable”.


Y llegamos ya a los 90. Cuando fui joven y pisador de algodón, y otras cosas también. Además de pisador, en alguna temporada,  y solo una, fui tractorista de un módulo de algodón. Pero centrémonos, en corto y al pie, en términos futbolísticos. Y es que iba a titular esta colaboración Pisando algodón, pero no, decido poner pisar en infinitivo, momento en el que se ejecuta la acción de esta labor agrícola. No quería que se entendiera este trabajo como un paseo por las nubes, todo lo contrario. En la recta final de mis estudios universitarios de Derecho, y con la mili prorrogada por delante, me venía muy bien el trabajo y el dinerito que me ganaba. Pero tengo que decir que esas campañas, que no fueron más que dos o tres, me valieron de mucho, me sirvieron muchísimo, porque no vean las ganas que me entraron de acabar mis estudios; que me comía los libros, vaya. Sin exageración alguna y que razono de forma motivada.


Pisador de algodón, Bajo Guadalquivir 2019
(Fotografía de José Manuel Brazo Mena)

Mis jóvenes y fuertes piernas de futbolista, y mis brazos también, se agotaban en esas jornadas interminables, de calor al mediodía cuando se empezaba a recolectar, de humedad y frío por la noche cuando se terminaba, casi siempre de madrugada, y así un día tras otro, a base de bocadillos y cervezas de a litro a compartir, con un  malestar en el estómago falto de costumbre, el cansancio acumulado, los camiones muy colmados, con cuerdas para bajar y subir, cabe más algodón, otro módulo más y terminamos… En una de esas peonadas casi me caigo de puro agotamiento y sueño atrasado de varios días  de un camión, una madrugada en Guadalema de los Quintero. Pienso, pasado el tiempo, y sin ánimo de ser frívolo, que sería lo más parecido a una situación límite en una guerra, por ejemplo, donde llegado el cansancio y abatimiento extremo al límite, da igual ya que te maten o te dejes matar. Así estaba yo, me daba igual caerme del camión. Afortunadamente no pasó nada, y lo cuento como la superación de una situación adversa o cuanto menos difícil para el joven que yo era. Eso sí, sonreí, socarrón, cuando me enteré que el camión que tan alto colmamos esa noche tan larga, del que no recuerdo cómo  me subí y cómo me bajé,  se dejó media carga en un puente por el que no pudo pasar entero.
 

La historia se repite, octubre 2017
Noticia de Utrera Digital

Vamos finalizando ya (expresión que se utiliza cuando algo empieza a hacerse largo), con una referencia musical creo bien traída, o por lo menos bien pisada. Por aquellos años, triunfaba un joven gaditano, de mi misma edad, un tal Alejandro Sanz, con su éxito Pisando Fuerte (1991), que era como mi himno de pisador de algodón, y mi banda sonora. Años más tarde, también en un momento de cambio en mi vida profesional, triunfaba mi admirado coetáneo con otro disco, No es lo mismo (2003), que también fue mi banda sonora en otro momento importante. La vida y sus curiosidades. 


Y ahora, en este año 2020, el de la pandemia mundial del COVID-19, todos habremos tenido o tendremos nuestra propia banda sonora, estoy seguro. Y será buena señal recordarla pasados unos años, si pueden ser décadas mejor, indicador de que estamos vivos y de que seguimos viviendo. Tanto como para compartir estas vivencias como estoy  haciendo yo una vez cumplido mi segundo cuarto de siglo (ya he pasado sobradamente el ecuador). Hoy, al  momento actual, tengo la suerte y la fortuna de apreciar los cambios que se están produciendo a tiempo presente, y soy informado por mi padre (con mi madre a su vera), que “ya apenas hay pisadores de algodón como cuando tú pisabas Diego, porque hay unas máquinas nuevas que ya hacen ese trabajo”.  Alegría por una parte, y cierta nostalgia por otra.


Siempre aprendiendo. Cuídense, cuiden de los suyos, mucha salud y buena compañía. 

1.

1.   1. ANTONIO RODRÍGUEZ OCAÑA y PEDRO RUIZ AVILÉS. El sistema agroindustrial del algodón en España. Serie Estudios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1995. Págs. 211 y ss.

     

       2. ANTONIO RODRÍGUEZ OCAÑA y PEDRO RUIZ AVILÉS. El sistema agroindustrial del algodón en España. Serie Estudios del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1995. Págs. 148, 184-188.

2.  

        3. FRANCISCO J. FERNÁNDEZ ROCA. Historia Agraria. Las cooperativas algodoneras durante el franquismo. 2001. Págs. 173-202.



miércoles, 8 de octubre de 2014

ÁRBOL CAÍDO



La recreación fotográfica se ajusta fielmente a la realidad, o casi. Sólo la primera fotografía no corresponde con el malogrado árbol, ya que se trata de la imagen del ejemplar más parecido que pude encontrar, a no muchos kilómetros de donde se encontraba plantado nuestro singular protagonista.

Las fotos son de un eucalipto (Eucalyptus), cuyo significado etimológico viene a ser  algo así como «bien cubierto». Oriundo de Australia,  concretamente se trata de un eucalipto rojo o eucaliptus camaldulensis, que  junto con el pino, fue muy utilizado en los años 60 y 70  para reforestar, por su crecimiento rápido, pues junto a los chopos, son de las especies más productivas en cantidad de madera. Una nota característica, aunque lo es de casi todas las plantas y árboles, es que se expanden cerca de los cursos de agua. Es considerado como un árbol familiar, que produce muy buena sombra, necesaria en lugares de temperaturas extremas, y que estabiliza bancos de ríos y retiene el suelo. En su contra, pesa el hecho de que están ávidos de agua (alguna vez se han utilizado para desecar pantanos) y también sobre ellos pesa la leyenda de ser "hacedores de viudas", por la frecuencia con que se le rompen y se le desprenden sus ramas, sin previo aviso. 





La introducción "wikipédica" podría explicar de por sí la triste historia de este árbol foráneo nacido y criado en Andalucía, del motivo de su plantación, y de su propio final, porque alguien se encargó de acabar con él (doy fe de que no fue una viuda vengativa), aunque bien es cierto que resistió estoicamente más de viente años en pie cuando estaba más que sentenciado y finiquitado, hasta que el pasado invierno una tormenta con fuerte viento lo hizo caer a plomo derribándolo de forma definitiva, como apiadándose de él. Así es y así lo estoy contando, porque a pesar de que su soledad olvidada y la estampa de su tristeza ha inspirado hasta este artículo en Vía Marciala y unas pocas fotografías, se hace con el objetivo único de que se conozca su historia y para que no se olvide que existe mucho maltrato, no sólo de los humanos hacia sus semejantes, sino también hacia los animales que nos acompañan, y también sobre muchas especies vegetales que nos rodean. 






A mediados de la década de los ochenta, este ejemplar y otros cercanos a ambos lados de una carretera comarcal de nuestro término municipal y colindante con varias fincas rústicas de cultivos, de algodón principalmente, comenzaron a secarse de forma sorpresiva: primero amarilleaban sus hojas y en poco tiempo quedaban totalmente desnudos. Con la misma rapidez con la que actúa el picudo rojo en las palmeras hoy en día, y justificada su desconocida y mortal enfermedad, eran talados y arrancados de la tierra de raíz de forma inmisericorde. "Ya no beberán más agua de riego y los cultivos podrán crecer sin la molestia de este árbol extranjero", pensaría el inductor, autor intelectual que a buen seguro pagaría una mísera cantidad al ejecutor y autor material para conseguir el fin deseado. 

El modus operandi no era otro que agujerear la base del árbol con un taladro de grandes dimensiones (como una sacacorcho gigante) para posteriormente rellenar con gasoil, las veces que hiciera falta hasta  que se secara. Así se encargaría de reconocer el propio sicario de árboles en la barra de un bar con la lengua suelta, pero con pelos y señales del encargo. No me extraña que este sujeto acabara en la cárcel años más tarde, por otros delitos, porque aunque en aquel tiempo no se consideraba estos actos como tales y no existía la protección de la flora, fauna y animales domésticos de nuestro actual Código Penal, yo que aún era un adolescente, consideraba tal acto como innecesario y reprobable, en sus distintos grados de participación.






Es otoño, todo parece languidecer y entristecerse tras el largo verano, pero no quiero acabar de forma negativa ni melancólica, lo que ya es una contradicción en sí misma por el inevitable final. Aún así, nos quedaremos, pues, con una de esas reflexiones anónimas propia de las actuales redes sociales de alguien con mucha más sensibilidad que los humanos de esta historia, alguien que imagina los consejos que podría recibir de un árbol, porque todo el mundo sabe que a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija: "Párate derecho y orgulloso, recuerda tus raíces, toma mucha agua, sé feliz con tu propia belleza natural, y disfruta de la vida y del aire libre".  




domingo, 8 de julio de 2012

GIRASOL DE FAMILIA NUMEROSA


"Girasol de familia numerosa
junto al Canal de los Presos.
Bajo Guadalquivir. 
Provincia de Sevilla"




lunes, 28 de mayo de 2012

ESTÉTICA FLAMENCA


Nota: 
se recomienda
poner la música propuesta
mientras se ven éstas u otras fotografías,
como simple ejercicio de deleite puramente estético.
















martes, 24 de enero de 2012

PLANTACIÓN DE GRÚAS

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En esta imagen se aprecia una singular plantación de grúas, conjunto de distintos tamaños, formas y colores de esta maquinaria pesada, símbolo en otra época de la llamada burbuja inmobiliaria.


Aunque hasta hace poco era frecuente su avistamiento, sobre todo aisladas o separadas y a no mucha distancia entre ellas, en determinadas zonas industriales se pueden encontrar plantaciones gruísticas similares o parecidas, apreciándose más y mejor a finales del mes de enero, cuando parecen brotar al frío del penúltimo repecho de su conocida cuesta.


El número de sus ejemplares suman hasta alcanzar la docena, como las unidades que podrían componer un buen ramo de rosas o de margaritas, con una ligera direfencia: estas grúas son propias de un mercado en alquiler, y las rosas y las margaritas, normalmente, se regalan.


sábado, 31 de julio de 2010

UTRERA EN LA ÚLTIMA NOVELA DE MATILDE ASENSI

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Como si fuera una de las noticias que aparecen en la revista Vía Marciala, revista que dirige Salvador de Quinta y que este año 2010 cumple 60 de fidelidad a Utrera, traigo en esta ocasión una referencia literaria. Se trata de la novela Venganza en Sevilla, de Matilde Asensi.
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Segunda aventura de Martín Ojo de Plata (Martín Nevares o Catalina Solis) tras la primera entrega Tierra Firme, y que transcurre en la Sevilla del Siglo XVII, "Una ciudad, una familia y una deuda por saldar".
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Matilde Asensi es una de mis escritoras favoritas, y la sigo desde sus primeras novelas, con El salón de Ámbar, El origen perdido, Iacobus, Peregrinatio, El último Catón y Todo bajo el cielo. En cada una de ellas realiza un riguroso trabajo de documentación, y recrea tramas e historias en lugares que incluso no había conocido físicamente. No es el caso de la comentada Venganza en Sevilla, ciudad que sí conoce perfectamente.
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Asensi desarrolla en esta novela una amplia descripción de la Sevilla del Siglo XVII, años 1606 y 1607, de sus lugares, también de su provincia, plazas, calles, y del entramado social de la época, con verdaderos análisis críticos de su funcionamiento y devenir, incluidas referencias económicas con ciertos paralelismos actuales, salvando lógicamente muchas distancias y también diferencias.
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Así, aprovecho este pequeñísimo comentario, para citar dos momentos de la novela y donde aparece Utrera:
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-Pasad, doña Catalina -me invitó doña Rufina, llamándome con la mano-. Mirad qué cosas tan ricas nos han traído las hermanas Curvo para merendar.
-Cosas sencillas, doña Catalina, no vayáis a pensar... -comentó préstamente Isabel, con disimulada satisfacción.
-Rosquillas y vino de nuestras fincas de Utrera y pasas de nuestras tierras en Almuñécar -añadió Juana.
-¡Oh, pues será preciso probar esos dulces tan acreditados!
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En otro pasaje, más adelante, vuelve a aparecer por segunda vez Utrera, asociada nuevamente al vino:
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Juana e Isabel tragaron, con ayuda del vino de Utrera, el pan amargo que la marquesa les había metido en la boca recordándoles que eran hidalgas y que su familia no podía aspirar a otra cosa que no fuera un licenciado, un mercader como ellos o un artesano.
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Si esta entrada se convirtiera en un artículo, referenciaría a Rodrigo Caro y a Román Meléndez para contrastar efectivamente la fama histórica de Utrera respecto de sus celebradas roscas y también respecto de sus muchas viñas, y el vino celebrado. A lo mejor también diría que hoy ya no se produce vino en Utrera, aunque sí aceite, y también un magnífico aguardiente o anís.
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Sin embargo, finalizo con una fotografía de Salvador de Quinta, ya histórica de la torre de Santa María escoltada por las dos palmeras. Fue un obsequio navideño de la revista a modo de calendario de 2010 en el reverso. Y digo que es una foto histórica porque la palmera de la derecha, majestuosa ella, ya no existe, no está, se la llevó el viento de este pasado y muy lluvioso invierno.
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En fin, la Historia.

viernes, 30 de abril de 2010

MIRAR SIN PENSAR EN NADA Y UNA RECETA

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Una vez me dijo alguien que había dos cosas que se pueden mirar durante mucho tiempo sin pensar en nada, solo mirando, con la mirada perdida, sin más: el fuego de una candela y el mar. A lo mejor, si se piensa un poco, para cada uno puede haber más cosas que se pueden contemplar con la mirada perdida. Aún así, es bien cierto que las dos propuestas son relajantes y agradables de ver.

No doy recetas. No me atrevería. Pero si alguien querido te regala una, que viendo su título debiera ser la panacea del mundo mundial, refotocopiada, guardada como remedio casero ante un mal momento, y que a esa persona le hizo bien, no sólo la recibes con cariño y agradecimiento, sino que además la ofreces a quien le pudiera interesar, sin más, como mirar el mar o el fuego...

RECETA DE LA FELICIDAD

INGREDIENTES:

1 Kilogramo de recuerdos infantiles.
2 Tazas de sonrisas.
2,5 Kilogramos de esperanza.
100 Gramos de ternura.
5 Latas de cariño.
40 Paquetes de alegría.
1 Pizca de locura.
8 Kilogramos de amor.
5 Kilogramos de paciencia.

MODO DE PREPARACIÓN:

1.- Limpia los recuerdos, quitándoles las partes que estén echadas a perder o que no sirvan. Agrégale una a una las sonrisas, hasta formar una pasta suave y dulce.

2.- Ahora, añade las esperanzas y permite que repose, hasta que doble su tamaño.

3.- Lava con agua cada uno de los paquetes de alegría, pártelos en pequeños pedacitos y mezcla con todo el cariño que encuentres.

4.- Aparte, incorpora la paciencia, la pizca de locura y la ternura cernida.

5.- Divide en porciones iguales todo el amor y cúbrelos con la mezcla anterior.

6.- Hornéalas durante toda tu vida en el horno de tu corazón.

7.- Disfrútalas siempre con tu familia... con el sabor de lo nuestro.

CONSEJO: Puedes agregar a la mezcla anterior dos cucharadas de comprensión y 300 gramos de comunicación, para que esta receta te dure para siempre.

P.D.: La fotografía del atardecer en el Estrecho es de Felipe López Lozano, fechada el día 26 de Abril de 2010, tomada "prestada" de la página web eltiempo.es por tiempo indefinido.
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jueves, 18 de febrero de 2010

MOMENTO VARIABLE Y EXTRAÑO: NUNCA PERDER EL NORTE

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Amanecer en Ogíjares, Granada.
Fotografía de eltiempo.es
Jesús, 3 de Febrero de 2010


Letra de Xanarte Flamenco
Concierto Noches de los Reales Alcázares de Sevilla,
30 de Agosto de 2009:
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Cambiaste el sol por la luna,
el agua dulce por salobre,
el mar por una laguna.
Cambiaste el oro por cobre,
media naranja, por una.
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Post Data (P.D. o PD): Dedicado a Carmen, Esperanza, Penélope y Raquel, en una tarde de nubarrones negros, a la que siguió una larga noche lluviosa; como regalo de viernes después de una dura semana de trabajo, mañanas y tardes, con muchos números que ordenar, y ordenados bien, seguro.
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viernes, 22 de enero de 2010

EL GUARDIÁN DE LAS ALTURAS

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¡Ahí lo tenemos! Desafiante, seguro de sí mismo, de que no se caerá de su balcón por mucho que ladre, midiendo los milímetros que sus pequeñas garras invaden del espacio que lo separa casi tres metros del suelo de la calle por donde pasan niños camino del colegio, también madres y padres acompañantes; lidera majestuoso el trío perruno en el que manda él, con la mirada firme ante mi, uno de esos que se atreven a pasar delante suya, y que encima es tan osado de ponérsele delante y mirarle a los ojos y hacerle una foto que lo inmortalizará sin su autorización; porque lo ha visto ya muchas veces, y esa foto le gusta, pues su protagonista tiene bien ganado su respeto, en reconocimiento de la autoridad que ejerce sobre el espacio que domina, y que finalmente, como supremo laudatorio y como muestra de todo lo anterior, va y lo publica cuatro años más tarde en su blog, donde escribe, y pone fotos y dibujos, y hace unas cosas...

¡Cosas mías!
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martes, 18 de agosto de 2009

¿... Y ESA PUERTA?

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¿Cómo y quién utiliza esa puerta?


Niño de siete años: Papá ¿Cómo se entra por esa puerta?

Padre (estupefacto y asombrado): ¿Y cómo se sale? ¿Quién es capaz de utilizarla? ¿Esa puerta estaba ahí antes?...

Lo llamativo de esta fotografía es "esa puerta". Fue tomada en 2004, cuando paseaba con mi hijo Javier junto al Arco de la Villa, en la Calle Roncesvalles. Hoy ya no existe. Es la fachada del estupendo restaurante El Arco, de Utrera, que recomiendo. Al otro lado del Arco, de la Villa, también hay otro Bar de Tapas, de la misma casa, igualmente recomendado.

Esta foto, con el texto que se acompaña, fue la IMAGEN DE LA SEMANA del periódico Utrera Digital en ese mismo año 2004.
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Seguimos variando la temática, e introduzco un tema, el de Utrera, el Pueblo, la Ciudad, el Municipio, en el que seguiré abundando más adelante...
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