"Ética, sobre la moral y las obligaciones;
estética, de la belleza y el arte;
y otras cosas..."


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viernes, 25 de julio de 2014

LA HISTORIA, SIN TEMBLOR NI TEMOR



















Tomando prestado de Fernando Sabater el título de uno de sus libros divulgativos sobre la filosofía, comenzaré por decir que es recomendable siempre casi todo tipo de lecturas, pero además, como el momento histórico es el que es (con cambio de monarca incluido), se traen en esta ocasión algunas propuestas de lecturas con la  Historia de fondo y alguna que otra reflexión, histórica, entiéndase.

Paul Preston, el insigne hispanista inglés, heredero de otros ilustres historiadores británicos sobre la Historia de España como Gerald Brenan o Hugh Thomas, defiende que “una historia bien narrada es una delicia”, reconociendo haber aprendido que “el rigor y la disciplina de la Historia no tienen por qué reflejarse en monólogos aburridos”. A Preston se le atribuye la frase “Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores” y que él cita como refrán. En realidad la cita es del filósofo estadounidense de origen español George Santayana (Jorge Ruiz de Santayana, 1863-1952), quien dijo literalmente que “Los que olvidan la Historia están condenados a repetirla”.

Tengo que reconocer que soy lector de Historia principalmente a través de la novela histórica. Aunque a veces se le atribuyen a estas novelas falta de rigor y de base científica (no se debe generalizar), también es cierto que estas dos circunstancias frecuentemente hacen incompatible que la lectura histórica nos atraiga y nos enganche. Aunque todo puede llegar a ser compatible, sobre todo a través de fórmulas menos académicas y ortodoxas. Por ejemplo, los que ya pasamos de una determinada edad (más de cuarenta, un decir), éramos y aún hoy seguimos siendo fans de los comics de Asterix y Obelix, donde además de reírnos con las cosas de los romanos y los irreductibles galos, también contextualizábamos esa parte de la Historia que fue el Imperio Romano, conocíamos figuras como Julio César o Cleopatra, expresiones latinas, nociones de geografía histórica, y además todo ello casi sin darnos cuenta, sin ningún esfuerzo, y sobre todo, divirtiéndonos.







La equivalencia actual de los comics (y de algunas series de televisión como Érase una vez el hombre), la encontramos hoy en los vídeo juegos, aunque nos cueste mucho más esfuerzo que a nuestros hijos y con cierta dosis de incomprensión/desconocimiento en la dinámica del propio juego/diversión, que todo hay que decirlo. Por ejemplo con la saga de Imperium, se reeditan las grandes batallas de las legiones romanas; con Assasin´s Creed desde las Cruzadas de la Edad Media en Tierra Santa, hasta el Renacimiento Italiano, la Guerra de Independencia Americana o la Piratería del Caribe; con Call of Duty, Medal of Honor, Wolfenstein, la II Guerra Mundial, y con Metal Gear Solid 3 Snake Eater la Guerra Fría y la Crisis de los Misiles de Cuba (Fuente: Javier Gómez Romero).










Dicho todo ello, volvamos a la Historia escrita, la de toda la vida. La propuesta de lectura en realidad son dos: La Pequeña Historia de España y La Pequeña Historia del Mundo, de Manuel Fernández Álvarez y Fernando García de Cortázar respectivamente,  ilustradas ambas por Jvlivs, y editadas por Espasa. En dos estilos diferentes, y no exentos de rigor y respeto por la Historia, cada una de estas pequeñas obras maestras nos dan una visión completa hasta nuestros días de la Historia de España desde las Cuevas a Atapuerca hasta las consolidación de nuestra Monarquía Parlamentaria tras el intento de golpe de Estado, y desde la Antigüedad hasta la llegada del hombre a la Luna. Y todo con el ingenio gráfico del dibujante Jvlivs, ilustrador compartido por ambos prestigiosos historiadores, a todo color y con divertidísimas composiciones históricas. Todo un placer de lectura que puede llegar a ser compartida por toda la familia, pues aunque está pensada para niños, puede llegar incluso a gustar más a los mayores.





Como anécdota, y siempre pensando en Utrera, decir que en la Pequeña Historia de España, de forma expresa Manuel Álvarez Fernández cita a nuestra localidad, cuando en los convulsos tiempos de la I República a finales del S-XIX, refiriéndose al cantonalismo, se produjo la proclamación de independencia en cualquier rincón de España, y así en la pág. 232 cita que “Utrera creyó que era la hora de vengar los agravios que recibía de Sevilla”, refiriéndose igualmente los casos de Coria respecto de Cáceres, y como más llamativo cita el alzamiento cantonal de Cartagena. Curiosidades de cosas que pasaron de verdad en la Historia.

Para terminar, y siguiendo con Utrera en la Historia, me gustaría citar también y recomendar los dos volúmenes editados hasta el momento de la Historia de Utrera, con textos de Rosario Barrera y dibujos de Diego Neyra. Dos volúmenes, patrocinados ambos por Caja Rural de Utrera, el segundo con el apoyo de la Diputación Provincial de Sevilla, que editados por el Ayuntamiento en 1992 y 2003 estoy seguro que algún día se retomará el proyecto para continuar nuestra Historia a partir de Clemente y Enrique de la Cuadra, personajes con los que termina el volumen segundo. 






Como decía Napoleón Bonaparte “La Historia siempre vuelve. Y por cierto, la geografía siempre está”.   


martes, 24 de agosto de 2010

MEMORIAS DE ADRIANO; Y DE YOURCENAR. HISTORIA DE UN COMENTARIO Y COMENTARIO MISMO

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La cubierta de la portada de mi libro, que un día fue nuevo y recién impreso, da muestra del tiempo que llevamos juntos. Tiene los bordes desgastados, rotos y arrugados como un viejo pergamino, unos tonos grises que amarillean hacia el sepia y cuenta con la decoración improvisada de alguna que otra mancha que le da un toque de distinción y autenticidad de ser un ejemplar único y original, el mío.

Con esta presentación, se advierte de inicio que tengo una especial relación con esta obra, un especial cariño. Un poco más que eso, quizás. Este libro lo adquirí en 1992, cuando estaba pasando su momento de gloria y esplendor comercial al ser un libro de referencia de Felipe González, por aquellos años Presidente del Gobierno de España, y que en más de una entrevista lo mencionó como una de sus lecturas favoritas. Más que cariño, más, lo nuestro ha sido una relación de amor y odio, o puede que al revés, pero "sin acritud". Esta expresión felipista, muy utilizada por aquellos años 90, he pensado que posiblemente fuera sugerida de la lectura de Memorias de Adriano.

Este libro muchas veces por mí fue detestado por imposible concentración; olvidado y ninguneado otras por desinterés y despecho; comenzado en varias ocasiones y las mismas veces abandonado. Me ganaba todas las partidas. Siempre lo tenía presente en mis retos pendientes: “Leer Memorias de Adriano”. Yo le miraba a él, el me miraba a mi, y siempre aplazábamos el conocernos mejor, conocernos al menos, intimar era mucho pedir, pues no pasábamos de las presentaciones formales y superficiales, simples declaraciones de intenciones, lógicamente al menos por mi parte.

Pasaron los años y hoy, en el año 2010, nuestra relación ha alcanzado la mayoría de edad. Bien es cierto que escribo esta reseña a modo de comentario al año de su primera lectura completa, la subrayada, con anotaciones al margen, la traducida junto al diccionario de latín, la reflexionada, la cumplimentada posteriormente con otras lecturas históricas sobre sus personajes y su propia autora. Ha sido la lectura que he degustado con deleite. Hoy, un verano después, releo, analizo pasajes, recuerdo citas, estudio diversos comentarios y me agrada escribir sobre esta obra, esta joya literaria. Es otra etapa de nuestra especial relación. Es el reto conseguido o el reconocimiento y pago de una deuda pendiente.

Si yo digo todo esto para empezar a hablar de la obra maestra de Marguerite Yourcenar, no quiero ni pensar lo que le costó a ella escribirla. Dice en sus notas que «Hay libros a los que no hay que atreverse hasta haber cumplido los cuarenta años». ¡Qué razón tenía! Yo lo he cumplido al pié de la letra, salvando las enormes distancias y con la insignificante diferencia de que ella se refería a la escritura y yo me refiero a su lectura.

La novela, las memorias, el ensayo filosófico, lo que sea, por ejemplo memorias noveladas de base histórica, ha pasado ya a la historia de la literatura. Es una afirmación objetiva. Su creación y elaboración, en distintas etapas y lugares, unido a la personalidad de su autora, de su personaje protagonista, recorren caminos en cierto modo paralelos hasta confluir en un resultado único, singular e irrepetible.
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Publio Elio Adriano y Marguerite Yourcenar

Me detengo un poco y cambio de ritmo. El procesador de textos por cuenta propia espacia un poco las líneas de los párrafos restantes, y una vez presentadas estas dos fotografías de nuestros protogonistas, como agradecidas ventanas que dan aire y un poco de frescura a un texto sesudo de muchas letras, estiramos las piernas y seguimos adelante...

Pues bien, sin querer o queriendo (estoy completamente seguro del esfuerzo y dedicación en la gestación y el parto de esta obra así como de la propia necesidad que tenía Marguerite de escribir sobre Adriano), la autora profundiza en la figura histórica del emperador romano del Siglo II nacido en Itálica, como su antecesor Trajano, y a la vez y de forma indisoluble reafirma su pensamiento filosófico, occidental, helenístico, marcado de dualidad, de bien y mal, de cuerpo y alma, de belleza, sensibilidiad, amor, de gloria y poder, de vida y de muerte, y de ambigüedad, sugerida o expresa, Plotina y Antínoo.

Siempre me he preguntado si un artista, una artista, cuando realiza su obra es consciente de la interpretación que de ella harán otros con perspectiva de pasado, incluso al momento coetáneo, las valoraciones y las críticas que sobre dicha obra se vertirán. También, me pregunto si cuando se trabaja en ella se persigue de forma expresa el resultado y las sensaciones que después provocará.

En Memorias de Adriano, no me pregunto si es premeditada la técnica espistolar, de cartas que envía a quien le podría suceder en el poder, la narración en primera persona, la sobriedad de las descripciones, opiniones, sensaciones, sentimientos, la división en capítulos con títulos en latín utilizados, las fuentes clásicas, el estilo austeramente elegante, incluso de sus poesías. Es verdad, que pienso en el Emperador Adriano, sí, pero ya no puedo dejar de pensar en la Intelectual Marguerite Yourcenar. El resultado final en su conjunto es un todo, que en sí mismo contiene muchas respuestas, y también dudas e incertidumbres.

Animula, vagula, blandula,
Hospes comesque corporis,
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula
Nec, ut solis, dabis iocos…

Pequeña alma, volátil y suave,
Huesped y compañera de mi cuerpo,
Descenderás ahora a esos parajes
Pálidos, áridos y desnudos
Donde habrás de renunciar a los juegos de antes…


Con esta hondura y profundidad empiezan las Memorias, con este fragmento de la poesía final de la novela, y este es el tono gris, inteligente y firme, que marca el devenir del desarrollo, exento de una viva acción y rico en pensamiento y reflexión. Esta es la gran dificultad y a la vez la gran virtualidad de Memorias de Adriano, pues no engancha por su ausente ritmo y movimiento, sino por las ideas, el pensamiento y el intimismo psicológico, con sus fortalezas y debilidades. Es lo que algunos críticos literarios llaman, creo que muy acertadamente, «pasiva actividad», sálvese la aparente contridicción asociativa de los términos de la expresión.

Youcernar hace que verídicamente, casi de forma real, nos imaginemos la imagen de un Emperador de Roma, que antes que emperador es Hombre, en un momento en el que necesita recordar, confiar y confesar su experiencia de vida, y desde las primeras letras se marca el camino hacia su previsible fin, que no es otro que la Muerte, en su sentido más amplio y que da sentido a su propio sentimiento existencialista. Toda la obra está marcada por esta línea transversal. Por eso, no es casualidad ni su principio Animula, vagula, blandula, ni su fin «…Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver…Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos».

Comentaba que son muchas las citas que se pueden extraer, muchas y de muy diversos temas. Ello daría para otra entrada en el blog, que no descartaré. No obstante, he de reconocer que me han atraído las relacionadas con el ejercicio del poder y del gobierno, lógicamente, aplicable a la política. Una perla sólo «…lo esencial es que el hombre llegado al poder haya probado luego que merecía ejercerlo».

Voy terminando (expresión propia de oradores conscientes de que ya han cumplido sobradamente el tiempo estipulado para su exposición corriendo el riesgo peligroso de advertencia y/o cansancio de su audiencia), y diré finalmente que la versión leída, cuasi estudiada, es la traducida del francés por Julio Cortázar, con la introducción de Joaquín Marco, el Cuaderno de Notas y Nota de la propia Marguerite Yourcenar, «una escritora que se siente atraída por el mundo antiguo, por la ética estética, por la problemática del hombre y la historia».

Trajano (Utrera), 2010
Traianvs Vtrerae, MMX

Post Data: Sobre Trajano, Adriano, Roma y otras cosas, seguiré escribiendo y contando más adelante; otro día.
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sábado, 31 de julio de 2010

UTRERA EN LA ÚLTIMA NOVELA DE MATILDE ASENSI

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Como si fuera una de las noticias que aparecen en la revista Vía Marciala, revista que dirige Salvador de Quinta y que este año 2010 cumple 60 de fidelidad a Utrera, traigo en esta ocasión una referencia literaria. Se trata de la novela Venganza en Sevilla, de Matilde Asensi.
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Segunda aventura de Martín Ojo de Plata (Martín Nevares o Catalina Solis) tras la primera entrega Tierra Firme, y que transcurre en la Sevilla del Siglo XVII, "Una ciudad, una familia y una deuda por saldar".
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Matilde Asensi es una de mis escritoras favoritas, y la sigo desde sus primeras novelas, con El salón de Ámbar, El origen perdido, Iacobus, Peregrinatio, El último Catón y Todo bajo el cielo. En cada una de ellas realiza un riguroso trabajo de documentación, y recrea tramas e historias en lugares que incluso no había conocido físicamente. No es el caso de la comentada Venganza en Sevilla, ciudad que sí conoce perfectamente.
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Asensi desarrolla en esta novela una amplia descripción de la Sevilla del Siglo XVII, años 1606 y 1607, de sus lugares, también de su provincia, plazas, calles, y del entramado social de la época, con verdaderos análisis críticos de su funcionamiento y devenir, incluidas referencias económicas con ciertos paralelismos actuales, salvando lógicamente muchas distancias y también diferencias.
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Así, aprovecho este pequeñísimo comentario, para citar dos momentos de la novela y donde aparece Utrera:
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-Pasad, doña Catalina -me invitó doña Rufina, llamándome con la mano-. Mirad qué cosas tan ricas nos han traído las hermanas Curvo para merendar.
-Cosas sencillas, doña Catalina, no vayáis a pensar... -comentó préstamente Isabel, con disimulada satisfacción.
-Rosquillas y vino de nuestras fincas de Utrera y pasas de nuestras tierras en Almuñécar -añadió Juana.
-¡Oh, pues será preciso probar esos dulces tan acreditados!
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En otro pasaje, más adelante, vuelve a aparecer por segunda vez Utrera, asociada nuevamente al vino:
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Juana e Isabel tragaron, con ayuda del vino de Utrera, el pan amargo que la marquesa les había metido en la boca recordándoles que eran hidalgas y que su familia no podía aspirar a otra cosa que no fuera un licenciado, un mercader como ellos o un artesano.
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Si esta entrada se convirtiera en un artículo, referenciaría a Rodrigo Caro y a Román Meléndez para contrastar efectivamente la fama histórica de Utrera respecto de sus celebradas roscas y también respecto de sus muchas viñas, y el vino celebrado. A lo mejor también diría que hoy ya no se produce vino en Utrera, aunque sí aceite, y también un magnífico aguardiente o anís.
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Sin embargo, finalizo con una fotografía de Salvador de Quinta, ya histórica de la torre de Santa María escoltada por las dos palmeras. Fue un obsequio navideño de la revista a modo de calendario de 2010 en el reverso. Y digo que es una foto histórica porque la palmera de la derecha, majestuosa ella, ya no existe, no está, se la llevó el viento de este pasado y muy lluvioso invierno.
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En fin, la Historia.