domingo, 8 de marzo de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
FRASES, CITAS Y PENSAMIENTOS (V)
"No es necesario subir una montaña para saber si es alta".
"El barco está más seguro cuando está en el puerto;
pero no fue para esto que los barcos fueron construidos".
pero no fue para esto que los barcos fueron construidos".
"Las cosas importantes hay que decidirlas con tranquilidad, lentamente".
"Un problema después de resuelto es de una simplicidad aterradora".
"Las personas siempre llegan a la hora exacta donde están siendo esperadas".
(Paulo Coello)
(Paulo Coello)
martes, 20 de enero de 2015
domingo, 28 de diciembre de 2014
CAPACIDAD DE ASOMBRO
“El
día que perdemos la capacidad de asombro comenzamos a envejecer”.
Así de sencillo, breve y directo. Este sería el mensaje clave, la idea fuerza
que me gustaría tener presente en todo momento para el próximo año nuevo, para
los próximos tiempos. El objetivo sería recordarlo de forma clara e inequívoca
para no caer en esa pérdida de capacidad buscando todo lo contrario, es decir, hay
que asombrarse y emocionarse todo lo que sea posible y siempre que se pueda. Y
sé que no va a ser nada fácil, lo sé. Pero hay que intentarlo.
Porque en el intento
está la posibilidad de alcanzar el éxito o un logro. Hace mucho tiempo aprendí
que es importante ponerse metas y objetivos por encima de nuestras
posibilidades, pero no imposibles o inalcanzables; por encima, pero cercanas,
para eso mismo, para acercarnos cuanto podamos a su consecución. Otra cosa nos
llevaría a la más que segura desmotivación y abandono sin intentarlo apenas. En
cambio, esforzarnos por alcanzar nuestro cercano y motivador objetivo, nos
mantendrá despiertos, atentos, con la tensión necesaria, vivos en definitiva.
Y es que con la edad, a
medida que se van cumpliendo años, cada
vez más nos asombramos menos, lamentablemente. La situación general actual
tampoco es que acompañe mucho, la verdad sea dicha. Por poner ejemplo, uno
propio mejor, es que cada vez me equivoco menos con las personas, claro que eso
es parte de mi trabajo. Tristemente he tenido que concluir y claudicar que no
me ha sorprendido tal o cual persona, pero sí que me ha decepcionado. Por eso
cuando alguien me sorprende gratamente no dejo de alegrarme, casi emocionarme,
aunque me haya equivocado en la previsión. Lo mismo me pasa cuando pasa algo
bueno e inesperado, de forma individual o colectiva, que me alegro aún más,
porque eso es lo que nos hace falta, alegrarnos un poco y no decepcionarnos
tanto.
La capacidad de asombro
se tiene intacta en la infancia. Los niños se sorprenden constantemente en el
descubrimiento de lo nuevo, por simple que sea, como ver por vez primera pasar
un tren, o un avión, y abren los ojos de par en par, dibujan una “o” con sus
labios, y se les ilumina la cara. Esa capacidad va unida a la fantasía y a la
inocencia, pero poco a poco se va transformando, quizás advertidos ante los
miedos de sus mayores, de la dura
realidad, del “ten mucho cuidado”,
del “no te fíes de nadie”. Y mira que
es bonita esa inocencia, la de la noche de los Reyes Magos o las visitas del Ratoncito
Pérez, o de la cigüeña que trae a tu casa un hermanito, una hermanita, o ambos
dos. La que se emociona con un cuento o una marioneta hecha con un viejo
calcetín y dos botones.
Pero esa capacidad, y
otras, poco a poco van desapareciendo en muchas personas. A algunas les
desaparece de golpe. No es el caso de dos personas de las que me acuerdo de mi
época de estudiante cuando daba clases particulares de E.G.B. en el siglo
pasado, un niño de no más de seis años (hoy un hombre y padre ya), y una mujer
de más de sesenta, ya octogenaria (le falta poco para ser bisabuela), y que
aprendieron a leer conmigo y que me enseñaron mucho. Antoñito no había forma de
que leyera en su cartilla Micho la palabra “churro”:
“ch-u…chu, rr-o…rro, chu-rro, y ahora todo junto Antoñito”. Y Antoñito, en él
todo gracia y desparpajo, me dijo: “ca-len-ti-to”.
Mi cara de sorpresa y alegría sería un poema, y él se ganó un fuerte apretón de
manos, casi un abrazo. Valle, casi con vergüenza, me dijo que quería aprender
leer, a pesar de su edad, me decía. No fue para mí tan fácil como con Antoñito,
pero la satisfacción fue indescriptible cuando mi alumna leyó su primer texto
completo, después un cuento y algún que otro libro. Sus caras y la mía eran la
misma, la de asombrarnos, emocionarnos, alegrarnos e ilusionarnos, mutuamente.
Alguna vez he
recomendado algún libro. En esta ocasión
recomendaré una película, o que se vuelva a ver si se puede. Se trata de
la oscarizada “La vida es bella”, de
Roberto Benigni, y que cuenta la historia de Guido, Dora y Giosuè, una historia
para asombrarse y entrenar la capacidad de, de asombrarnos, digo.
¡Feliz Navidad y Feliz
Año 2015!
miércoles, 24 de diciembre de 2014
martes, 23 de diciembre de 2014
CON EL DESEO DE QUE LE INTERESE
A lo largo de mi vida sólo
me han dedicado un par libros o tres, con su correspondiente dedicatoria
nominativa por parte de sus autores. No han sido muchos, la verdad, y eso que de
libros tenemos unos cuantos de cientos, y de cuentos, cien y cientos. El motivo
puede ser que no soy muy mitómano que digamos, y porque lo cierto y verdad es
que siempre me ha dado un poco de vergüenza, pudor, o lo que sea. Por poner un
ejemplo, diré que jamás he pedido un autógrafo a ninguna persona famosa, aunque
ganas no me han faltado alguna que otra vez, y lo de hacerme una foto, mucho
menos. En fin, cosas mías.
Y para un libro que me
dedican recientemente, previa adquisición, haciendo mi correspondiente cola,
tras una presentación solemne solemnísima, la dedicatoria es: “Para Diego, con el deseo de que le interese
este libro. Un abrazo” (Firma ilegible). Que desea me interese, dice el
autor. Pues bueno, en eso no se va equivocar el hombre, porque si no me interesara como que no hubiera ido a la presentación y no hubiera comprado su novela. Pero “no”
es una palabra muy corta y muy contundente. Porque con las referencias
que tenía, yo sabía positivamente, y estaba más que seguro, que sí me iba a gustar, y claro está, adelanto
desde ya que efectivamente sí me ha interesado, no sea que alguien interprete a
priori de forma contraria.
Cuando leí por primera
vez la dedicatoria, in situ y delante
del novelista, me pareció austera, sencilla y muy modesta. Me sorprendió, un
poco, pero no tanto. No sólo por conocer la biografía del autor, su humanista y
vasta formación, su dilatada y polifacética trayectoria profesional, sus
múltiples publicaciones, sino también porque dedicaba su libro a una persona
desconocida, cosa de la que nos olvidamos cuando estamos delante de alguien
reconocido o famoso, que como lo vemos frecuentemente en los medios de
comunicación, se nos olvida la imposible reciprocidad del trato, su conocimiento
y mucho menos el reconocimiento. El autor se llama Antonio Guerra, y su libro “La
Mina”.
No piense que voy a
hacer ninguna crítica de La Mina. Ya
se ha escrito en nuestra revista sobre el autor y sobre su libro, primera parte
de una trilogía que se completará en los
próximos años. Diré, eso sí, que es una novela muy especial, de ficción pero histórica, cercana que trasciende
lo local, de verdad como la vida misma, tierna y muy dura a la misma vez, que va de menos a más, que desde la narración impersonal o colectiva de un grupo de jóvenes,
de forma intencionada va confundiéndose
con la primera persona y muy personal de uno de ellos, para terminar
envolviéndote y pensando al final que, efectivamente, nos encontramos ante una novela verdaderamente singular, como muy bien la define su editor y nuestro
querido director Salvador de Quinta.
Digo que no, pero no
puedo. No puedo dejar de comentar algo más. En el libro hay dos personas que
dicen algo parecido a lo de mi dedicatoria-deseo
del autor. Son dos defensores y amantes de la libertad, maestros o profesores
del protagonista, del joven que cuenta la historia, la de su pueblo, la
historia que trasciende de lo local. Docentes ambos como lo ha sido, como lo es
el propio autor, uno afirma, “…me han
interesado mucho estos siete capítulos…”; el otro, casi al final pregunta
modestamente tras una poética clase magistral “¿De verdad os ha interesado?”
“Pues
sí, me ha interesado, de verdad, y mucho. También muchas gracias, porque cada vez
que la leo me gusta más mi personal y nominativa dedicatoria. Otro para Usted”.
lunes, 8 de diciembre de 2014
FRASES, CITAS Y PENSAMIENTOS (IV)
Hace ya mucho tiempo, en una época de mi vida profesional, visitaba un despacho de vez en cuando, el de un buen funcionario que tenía muy cercana su merecida jubilación. Detrás de su mesa, entre el cristal y la madera de un mapa de la provincia de Sevilla, tenía escrita de su puño y letra dos citas. Nunca le pregunté si eran suyas, ni desde cuándo las tenía escritas, pero un día que se ausentó un momento se las tomé prestadas, y son éstas que se comparten ahora.
"Sólo somos dueños de nuestros silencios; la palabra dada ya no nos pertenece".
"El principal objetivo del conocimiento no consiste en abrir la puerta de la sabiduría infinita, sino en poner coto al error infinito".
lunes, 10 de noviembre de 2014
FRESES, CITAS Y PENSAMIENTOS (III)
"Cerrar los ojos ante
la evidencia es frecuente en las personas que no quieren creer en las
desagradables consecuencias fruto de sus propios errores y obstinación" .
"Nuestras dudas son traicioneras y nos hacen rehusar
del bien que podríamos alcanzar por el temor a intentarlo".
(William Shakespeare)
miércoles, 8 de octubre de 2014
ÁRBOL CAÍDO
La recreación fotográfica se ajusta fielmente a la realidad, o casi. Sólo la primera fotografía no corresponde con el malogrado árbol, ya que se trata de la imagen del ejemplar más parecido que pude encontrar, a no muchos kilómetros de donde se encontraba plantado nuestro singular protagonista.
Las fotos son de un eucalipto (Eucalyptus), cuyo significado etimológico viene a ser algo así como «bien cubierto». Oriundo
de Australia, concretamente se trata de
un eucalipto rojo o eucaliptus
camaldulensis, que junto con el
pino, fue muy utilizado en los años 60 y 70
para reforestar, por su crecimiento rápido, pues junto a los chopos, son
de las especies más productivas en cantidad de madera. Una nota característica, aunque lo es de casi todas las plantas y árboles, es que se expanden cerca de los cursos de agua. Es considerado como un árbol familiar, que produce muy buena sombra, necesaria en lugares de temperaturas extremas, y que estabiliza bancos de ríos y retiene el suelo. En su contra, pesa el hecho de que están ávidos de agua (alguna vez se han utilizado para desecar pantanos) y también sobre ellos pesa la leyenda de ser "hacedores de viudas", por la frecuencia con que se le rompen y se le desprenden sus ramas, sin previo aviso.
La introducción "wikipédica" podría explicar de por sí la triste historia de este árbol foráneo nacido y criado en Andalucía, del motivo de su plantación, y de su propio final, porque alguien se encargó de acabar con él (doy fe de que no fue una viuda vengativa), aunque bien es cierto que resistió estoicamente más de viente años en pie cuando estaba más que sentenciado y finiquitado, hasta que el pasado invierno una tormenta con fuerte viento lo hizo caer a plomo derribándolo de forma definitiva, como apiadándose de él. Así es y así lo estoy contando, porque a pesar de que su soledad olvidada y la estampa de su tristeza ha inspirado hasta este artículo en Vía Marciala y unas pocas fotografías, se hace con el objetivo único de que se conozca su historia y para que no se olvide que existe mucho maltrato, no sólo de los humanos hacia sus semejantes, sino también hacia los animales que nos acompañan, y también sobre muchas especies vegetales que nos rodean.
A mediados de la década de los ochenta, este ejemplar y otros cercanos a ambos lados de una carretera comarcal de nuestro término municipal y colindante con varias fincas rústicas de cultivos, de algodón principalmente, comenzaron a secarse de forma sorpresiva: primero amarilleaban sus hojas y en poco tiempo quedaban totalmente desnudos. Con la misma rapidez con la que actúa el picudo rojo en las palmeras hoy en día, y justificada su desconocida y mortal enfermedad, eran talados y arrancados de la tierra de raíz de forma inmisericorde. "Ya no beberán más agua de riego y los cultivos podrán crecer sin la molestia de este árbol extranjero", pensaría el inductor, autor intelectual que a buen seguro pagaría una mísera cantidad al ejecutor y autor material para conseguir el fin deseado.
El modus operandi no era otro que agujerear la base del árbol con un taladro de grandes dimensiones (como una sacacorcho gigante) para posteriormente rellenar con gasoil, las veces que hiciera falta hasta que se secara. Así se encargaría de reconocer el propio sicario de árboles en la barra de un bar con la lengua suelta, pero con pelos y señales del encargo. No me extraña que este sujeto acabara en la cárcel años más tarde, por otros delitos, porque aunque en aquel tiempo no se consideraba estos actos como tales y no existía la protección de la flora, fauna y animales domésticos de nuestro actual Código Penal, yo que aún era un adolescente, consideraba tal acto como innecesario y reprobable, en sus distintos grados de participación.
Es otoño, todo parece languidecer y entristecerse tras el largo verano, pero no quiero acabar de forma negativa ni melancólica, lo que ya es una contradicción en sí misma por el inevitable final. Aún así, nos quedaremos, pues, con una de esas reflexiones anónimas propia de las actuales redes sociales de alguien con mucha más sensibilidad que los humanos de esta historia, alguien que imagina los consejos que podría recibir de un árbol, porque todo el mundo sabe que a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija: "Párate derecho y orgulloso, recuerda tus raíces, toma mucha agua, sé feliz con tu propia belleza natural, y disfruta de la vida y del aire libre".
martes, 16 de septiembre de 2014
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